Utilizar a los descendientes de españoles como arma arrojadiza contra el gobierno resulta repugnante para cualquier español de bien. Unos españoles -miles- que desgraciadamente tuvieron que exiliarse en Argentina, México y otros países de Sudamérica para protegerse de la dictadura del general fascista Franco.
Esos españoles que tuvieron que abandonar el país se agruparon en exilio y se organizaron en asociaciones para continuar con sus costumbres y no perder sus raíces. Muchas de ellas tomaron el nombre de Casa de España en cada uno de esos países. Sus hijos nacidos en el exilio y sus nietos eran españoles, pero carecían de la nacionalidad que les pertenecía por derecho propio, porque entre otras cosas, sus padres defendieron la democracia, la legalidad ante los golpistas y fascistas.
La reciente deriva en el discurso del Partido Popular sobre los españoles que emigraron a Argentina —y a otros rincones de América Latina— huyendo de la Guerra Civil y la posguerra agradecieron al Partido Popular en su momento la defensa y el apoyo del acceso a la nacionalidad. Una defensa que hacían con fervor desde el partido de la Gaviota. En aquellos actos decían, que ser español no dependía del código postal, sino de la sangre.
Ahora el Gobierno del Partido Socialista hace suya la defensa de la propuesta del Partido Popular y pone en marcha la nacionalidad española a los nietos y descendientes de españoles que tuvieron que abandonar España huyendo del fascismo. Sin embargo, lo que antes era un derecho legítimo para el Partido Popular, ahora es, un pucherazo electoral y se quiere privar a esos españoles del legítimo derecho al voto, como cualquier español, como españoles que son.
Pero como dice el dicho “no quieres arroz, toma tres tazas”, ahora el Gobierno pretende dar la nacionalidad española a las y los saharauis nacidos bajo la administración española. Una nacionalidad que les pertenece por derecho de nacimiento porque hasta 1975, el Sáhara Occidental no era considerado una simple colonia, sino una provincia oficial de España (la provincia número 53). Sus habitantes poseían Documento Nacional de Identidad (DNI) y pasaporte español, y estaban plenamente sujetos a la administración central.
Los saharauis a pesar de ser abandonados por los distintos gobiernos de España, mantuvieron contacto y lazos afectivos con la comunidad española mediante distintos convenios, incluso con la llegada de sus hijos en verano para pasar en nuestro país dicha época, recuperarse, aprovechar para hacerse revisiones médicas y practicar nuestra lengua. Después solían regresar con sus padres, pero esos convenios de ida y vuelta mantuvieron el cariño del pueblo llano español con aquellos españoles sin carnet de identidad español que vivían y viven en la antigua provincia española.
Los españoles de banderita no quieren a esos españoles de derecho que tienen distintos, algunos de color distintos y religión distinta, los ven como un enemigo de su ideología o como un paquete de votos para la izquierda, como si estos españoles no tuvieran libertad de pensamiento, capacidad para saber que le viene bien o mal al país.
A pesar de todo, después de muchos años, los españoles de bien verán con orgullo y satisfacción que los compatriotas que sufrieron el exilio o fueron abandonados por gobiernos cobardes incapaces de defender a sus nacionales vean resarcidos sus derechos y serán un español más “vivan donde vivan, recen como recen y se llamen como se llamen”. Como bien dice Juan Vivas, el chascarrillo no es mío.







Pretender utilizar a descendientes de españoles para robar las elecciones es mas repugnante todavía.
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