La lluvia convierte todavía más dura una realidad que ya lo es. En las calles de Ceuta, mientras el agua cae, algunos inmigrantes buscan desesperadamente un techo bajo el que pasar las horas y los vecinos deben lidiar con este escenario.
Un plástico, una lona, un paraguas, un árbol o el portal de una vivienda se convierten en refugios improvisados para quienes han decidido quedarse en Ceuta de forma irregular, en la calle, teniendo su país a escasos kilómetros.
Este martes, El Faro ha recorrido las inmediaciones de los asentamientos situados detrás de la antigua cárcel de Los Rosales y en Loma Colmenar. Las imágenes que deja el temporal son de una precariedad extrema.
Personas que permanecen en la calle, empapadas o protegidas como pueden, esperando encontrar un espacio en alguno de los lugares de acogida.
Bajo plásticos
A las puertas del asentamiento ubicado detrás de la cárcel, un grupo permanece bajo un plástico. Otros se protegen con un paraguas. Algunos ni siquiera tienen eso y soportan directamente la lluvia. Permanecen allí, prácticamente inmóviles, mirando hacia el asentamiento.
Esperan un milagro. Una plaza libre. Que alguien salga y les diga que pueden entrar. Que hay un hueco para ellos. Pero el asentamiento está completo.
Esperar bajo la lluvia porque no hay otra opción
Lo saben, pero continúan esperando. Porque marcharse tampoco parece una alternativa. Algunos de los inmigrantes trasladan que regresar a Marruecos no entra en sus planes, incluso cuando las condiciones en Ceuta les obligan a dormir en la calle, mojándose.
Con gestos y señalando hacia el exterior del asentamiento, explican que pasan la noche a la intemperie, en las inmediaciones, esperando encontrar algún refugio. La lluvia no cambia su situación. Solo hace más visible la dureza de una realidad que sin lluvia queda más escondida.
Unos metros más allá, en Loma Colmenar, la escena se repite. Numerosos inmigrantes permanecen en los alrededores, desplazándose de un punto a otro para intentar resguardarse del agua. Algunos se sientan en los portales de las viviendas. Otros buscan protección bajo los árboles.
Presencia constante
La presencia es constante y forma parte ya del paisaje cotidiano de la barriada. Para los vecinos, la lluvia añade una imagen especialmente dura: personas mojadas, sentadas en las entradas de las casas y en mitad de los pasajes o recorriendo las calles sin un lugar estable donde permanecer.
También se observan personas rebuscando entre la basura. Entre los residuos buscan materiales que puedan servirles para protegerse, construir algún refugio o simplemente hacer más soportable pasar la el día y la noche bajo la lluvia.
Una situación agravada
La situación se ha agravado después de los desalojos de los asentamientos del Trampolín y Benítez. Muchos de quienes permanecían allí se han quedado sin las pequeñas casetas que utilizaban como alojamiento.
Algunos han regresado a Marruecos; otros han encontrado un espacio en alguno de los asentamientos existentes. Pero otros continúan sin un lugar donde quedarse.
Y así, las calles se convierten en el último recurso.
Una escena difícil de mirar
Ceuta afronta de nuevo una escena difícil de mirar e ignorar y todavía más difícil de vivir. La ciudad y sus vecinos conviven con una realidad marcada por la pobreza y la precariedad, mientras quienes la sufren buscan un techo que les permita protegerse de la lluvia.
Bajo un plástico, detrás de un árbol o en la entrada de un portal, la espera continúa. Este tiempo de atrás el tiempo acompañaba, pero la lluvia deja unas imágenes que no son agradables ni para quien las vive ni para quien las presencia.







Están asi porque quieren asi que pena la mínima. Más tendría que llover y con frío y vientos huracanados