El desahucio de la vivienda a una anciana llamada Mari Carmen ha provocado una rebelión social de los obreros españoles, también un movimiento agresivo de los grandes capitales apoyados por obreros, que por tener un sueldo que los deja respirar, pero poco, apoyan a los grandes capitales con su aptitud y también con sus votos cuando llegue el momento. Muchos de ellos son hijos de obreros, hermanos de obreros que llegan a final de mes pasando calamidades.
Son esos trabajadores que les dan una chaqueta y una corbata y se creen los dueños del cortijo, pero no dejan de ser los conserjes del edificio. Pero no voy a escribir sobre estos desmemoriados o descolocados sociales por los que siento un profundo respeto y pena.
La muerte de Mari Carmen Abascal debería ser una tragedia para todo el país. Una mujer de 87 años sacada como un mueble de la casa donde vivió toda la vida por una empresa de millonarios. Unos millonarios que han sido defendidos mediáticamente por otros millonarios, por el poder del taco en el parlamento y por muchos conserjes de la clase obrera que se olvidaron de dónde vienen y dónde están.
Efectivamente son los conserjes con corbata y chaqueta, unos en las consejerías, otros de oficinistas, otros de funcionarios cobrando menos de 1.500 euros por ser generoso con mis cálculos. En definitiva, españoles mal ubicados socialmente hablando.
Pero esto no es lo peor para mí, lo peor es la bajeza de los políticos y ciudadanos capaces de convertir la muerte de una persona en una estrategia política y en un mar de chismes y falsedades contra una anciana después de muerta. Esa bajeza es la que asquea a cualquier ser humano decente.
Mari Carmen tenía 87 años. Había vivido durante décadas en la misma vivienda de Madrid. Tenía todo el derecho del mundo a defender sus derechos como inquilina. Eso es lo que debería debatirse y, por supuesto, no si iba al bingo, si era simpática o antipática, si era atenta con el tendero del barrio o con los vecinos.
Toda esa basura mediática no enturbiaba el derecho que reclamaba. Sin embargo, los del taco, “los buitres”, se apresuraron en intentar deshumanizar a una anciana buscando chismes, mentiras, medias verdades que no afectan en nada al problema que una inquilina tiene, mejor dicho tenía, con su casero o con su fondo buitre.
Mari Carmen no tenía nada, estaba fingiendo cuando la trasladaron al Hospital Gregorio Marañón, donde permaneció ingresada hasta su fallecimiento el 7 de octubre, no porque le dieron el alta, sino porque falleció. El bulo de que fingía una enfermedad no les dio resultado, aunque pasaba de chat en chat de esta gentuza. No dio resultado, pero tenían que buscar otros bulos para satisfacción de los buitres y sus conserjes.
Lo cierto es que el caso Mari Carmen, aunque hay muchas más Mari Cármenes, ha provocado una enorme movilización social y abre un debate sobre el acceso a la vivienda y sobre la protección de las personas vulnerables. Un debate que tiene acorralado a los buitres y a los políticos que no han hecho su trabajo, pero sobre todo, los fondos buitres estarán maldiciendo el día que sacaron de su casa a una anciana, porque sin lugar a dudas, nada será igual a partir de ahora.
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