Somos impostores. Engañamos al alma, besamos sin ganas y nos guardamos los besos que deseamos.
Siempre fingiendo: buenos días, buenas tardes, buenas noches. ¿Qué alegría de verte?, a ver cuándo tomamos un café.
Apretándonos los dientes nos mantenemos correctos, educados, simpáticos, no queremos caer en discusiones banales que terminan por destrozarnos.
Escondemos amores, sentimientos, opiniones. Nos recitamos poesías debajo de las sábanas para no pasear el dolor, para tapar la soledad que no compartimos.
Somos aves de paso, historias que no cuentan, sueños incumplidos, lágrimas refugiadas en las pupilas que saben controlar el río de agua salada.
Rechazamos la vida para sobrevivir y resistir cualquier asunto que nos lance a no ser comprendidos.
Feliz navidad, felices Reyes, felices fiestas, cómo has adelgazado, cada día te veo más jóven, encantado de conocerte, desde que te jubilaste todos te echamos de menos.
Mientras tanto, escarbamos la tierra y nos enterramos para que nadie nos vea, para ser auténticos y felices, para no dar explicaciones de nada ni a nadie, para construir proyectos, aunque sean en el aire.
Nos disfrazamos, tenemos varias caretas, una colección ...miles; cada una se usa a su tiempo y según la circunstancias.
Decimos lo que quieren oír, silenciamos lo que molesta, secuestramos nuestra verdad en el zulo más profundo y la alimentamos con patrañas, con engaños... le decimos que la liberaremos, que aguante, que es por su bien , pero se consumirá en esa espera oscura, tenebrosa.
Y nos llega la vejez sin darnos cuenta, y, sin darnos cuenta asistimos al último verano pensando en que seremos fieles a partir de mañana. pero la muerte nos tapará con tierra la boca.
En unas horas ya no habrán huellas borradas por el olvido o por las olas .
El amor duerme en el pecho del poeta.
(Sonetos del amor oscuro).
Federico García Lorca.
Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.
Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.
Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.
Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!






