He sufrido una presión injusta e insultos”. Esta es una de las frases manifestadas ayer por el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, tras confirmar su deseo de dejar no solo la Delegación del Gobierno sino también las riendas del PSOE ceutí, partido que pretendía revitalizar.
Con una lectura de un comunicado sin opción a preguntas, Triano decidió la forma y el momento para decir adiós a una etapa política que ha llegado al extremo.
Quizá sea el delegado del Gobierno al que más veces se le había preguntado si iba a dimitir. Y las mismas veces negó que fuera a hacerlo, considerando que ese hubiera sido un gesto de cobardía.
Triano se marcha después de que todo un pueblo haya centrado sus críticas en su persona como representante del Gobierno de la Nación en Ceuta. Ha sido, sin duda, quien ha terminado pagando la mala gestión liderada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que prefirió marcharse de vacaciones antes de poner como objetivo principal reaccionar a tiempo con esta parte de España que merece la misma defensa que cualquier otra. Ya no solo el día 30, sino antes, cuando las informaciones apuntaban a una presión migratoria elevada y nada normal, que no se tuvo en cuenta.
Sánchez obró de una forma nefasta con Ceuta, al igual que varios ministros de su Gobierno se equivocaron en los mensajes y en la forma de responder ante una ciudad literalmente invadida, una ciudad en la que en poco más de 24 horas entró prácticamente la misma población que tiene. Algo insoportable.
La ciudadanía ha tenido todo el derecho a estar enfadada y a seguir estándolo. Los ceutíes han protestado contra un abandono que ha sorprendido a todos y que ha terminado por hacer un daño a esta ciudad del que costará salir.
Triano, como delegado del Gobierno, se convirtió en la persona que ha recibido todas las críticas por la gestión de Madrid, topándose no solo con el rechazo de la sociedad caballa, sino también con un partido, el que quiso sacar adelante, que ha terminado roto, y de donde han salido las críticas más duras contra su persona.
En su propia casa, en la Delegación del Gobierno, las grietas también han sido importantes. No solo con la dimisión/cese de Gonzalo Sanz, quien era su jefe de gabinete y mano derecha, sino por la falta de unión de un equipo con integrantes que han estado desaparecidos en toda la crisis, que ni se les ha visto, que formando parte del equipo elegido o mantenido por Triano han optado por seguir cobrando sin aparecer. Eso también debería ser objeto de crítica social.
El error del delegado ha estado, quizá, en no haber roto antes con la senda que le mandaba un Gobierno desastroso, cuyas declaraciones vertidas incluso en la propia sede de la Delegación no deberían haberse permitido. Recordadas por siempre serán las manifestaciones de Fernando Grande-Marlaska hablando de normalidad o de inseguridad subjetiva.
Pérez Triano sí que ha tenido mucha razón en algunas partes de su despedida, al aludir al clima hostil con el que se ha topado en estos días. Un clima que, en algunos casos, ha cruzado toda línea permitida.
Porque sí que se aceptan las denuncias contra el delegado, las críticas por su gestión, los reproches por no estar en los momentos en los que debía, como en las manifestaciones para expresar que nada iba bien. Él mismo ha destacado que informó a Madrid antes del día 30, que reclamó medios. Lo hizo en una declaración conjunta con la Ciudad Autónoma. Pero, al igual que hizo aquello, debería haber estado en la calle para reprochar al Gobierno de España que no estaba haciendo bien las cosas, siendo el delegado del Gobierno de todos los ceutíes. La situación, quizá, sería distinta.
Al margen de todo esto, lo que no se puede permitir es que se haya colocado una corona de difuntos en la plaza de los Reyes, o se haya guardado un minuto de silencio por el delegado. Ahí, se deja de enarbolar una crítica adecuada, respetada y para nada equivocada, ya que se pierden todas las formas y respeto básico.
Pérez Triano ha elegido el momento de marcharse, también la forma de hacerlo. Ha sido su elección, que para muchos ceutíes ha podido ser la equivocada, pero es la que eligió un político que quería cambiar el PSOE, que tenía ilusión y que durante estos casi dos meses ha estado en la Delegación afrontando lo que sin duda será el peor trago de su vida.
Se ha podido equivocar, ha podido elegir el camino menos adecuado, el más errático, pero las consecuencias las ha pagado con su cargo, con un final político indeseado que debe terminar aquí, sin cruzar líneas de mal gusto, líneas impropias de mensajes que solo deben aspirar a que Ceuta sea la misma que el 29 de julio.
Algo que no se ha conseguido, que tardará en lograrse, que lleva a efectuar todo tipo de críticas a un gobierno que no fue responsable, pero sin ir más allá de lo que siempre debe representar esta ciudad.






