El ataque perpetrado en el puerto de Ceuta -junto a la Casa del Mar- contra el vehículo en el que viajaba la diputada local de Ceuta Ya, Julia Ferreras, junto con el activista Rafael Borrego y la abogada Sofía Cánovas, muestra sin tapujos a lo que se puede llegar con los discursos del odio y el no respetar las ideas de los demás.
El intento de linchamiento, agresión y atentado a la autoridad, porque una diputada ceutí es también autoridad -o no, porque en esta ciudad no hay nada claro-, lo tendrá que determinar el juez pertinente, pero queda claro que en los supuestos ilícitos colaboraron muchas personas con la clara intención de tomarse la justicia por su mano. La pregunta sería, ¿qué justicia?, porque la diputada Julia Ferreras y sus acompañantes no habían cometido ningún delito tipificado en nuestro código penal.
Lo que queda evidenciado es que los hechos sucedieron durante una movilización contra un colectivo que venía a la ciudad y nuestra diputada tuvo la desdicha de pasar por allí y los manifestantes “dicen” que la confundieron con elementos de este colectivo y esa confusión provocó que un grupo de manifestantes se lanzaran contra su coche arrojando piedras, huevos y todo tipo de objetos, además de insultar a los ocupantes, teniendo que intervenir la policía para evitar males mayores.
Julia Ferreras y sus acompañantes deben dar gracias a Dios que la policía estaba en el lugar, porque no sabemos qué le podría haber pasado por mucho que advertía a la jauría que ella era diputada de Ceuta y que se habían equivocado, que ellos no pertenecían al colectivo que esperaban. La pobre Julia, en su buen pensar, desconocía que daba igual, que los manifestantes estaban en otra cosa, que el odio ciega y había que saciarlo.
Ayer -y siguiendo con lo que nos ocupa- me decía un ciudadano que “ese tonto” se refería al detenido, iba a pagar todos los platos rotos -en referencia a que él no fue solo- y es verdad que había más ciudadanos y, por tanto, en mano de la policía está poner en conocimiento de la autoridad judicial a los presuntos autores de los hechos, porque entre otras cosas, sería hacer justicia con las personas que pudieron ser linchadas, porque si consiguen bajarlos del vehículo no sé qué hubiera pasado.
Pero, para hacer un relato más preciso, no podemos olvidar que varios policías fueron agredidos y han denunciado los hechos y, como curiosidad, lo que hace unos días eran halagos, reconocimiento y aplausos hacia los policías, ese día, fueron reproches, agresiones e insultos por cumplir con su obligación.
Este incidente, mejor dicho, atentado -permítanme que lo califique así por considerar que iba una diputada y así lo hizo saber en varias ocasiones- ilustra de forma clara el odio ciego y que ese odio cuando proviene de muchos pone el peligro la vida de las víctimas, porque el odio se retroalimenta y crece. Lo hemos visto en agresiones a homosexuales y otros colectivos. Parece que el odio al que piensa distinto o al diferente desgraciadamente está de moda.
Las y los ceutíes de bien saben diferenciar donde está la línea roja entre el derecho a la libertad expresión, manifestación y el deseo de proteger nuestros intereses y defender nuestros intereses coaccionando, insultando, amenazando y agrediendo a ciudadanos y policías; y no cabe la excusa del error, porque no reduce la gravedad de los hechos.
Ahora los jueces determinarán si son o no responsables de presuntos delitos, pero tomarnos la justicia por nuestra mano es cruzar el umbral hacia la delincuencia, en eso espero que todos estaremos de acuerdo. Y esa es la razón por la que los presuntos responsables tendrán que sentarse en el banquillo de los acusados. No por patriotas, ni ceutíes de pro.
Sin más, dejar patente mi apoyo, respeto y consideración personal a Julia Ferreras, deseándole lo mejor y que siga trabajando por los intereses de todos los ceutíes y por una mejor convivencia.







Dando lecciones que para mí no tengo, te conocemos y sabemos cosas.