La invasión por parte de más de ochenta mil marroquíes y subsaharianos hace ya casi dos meses, desde los pasados 30 y 31 de julio, está cambiando la forma de vivir de los ceutíes.
Y nos está cambiando porque muchos de los hábitos normales en la vida tradicional de los habitantes de Ceuta no se pueden llevar como nos gustaría a todos.
Está situación anómala y que pinta ir para largo varía todo en todas las circunstancias de la vida en nuestra ciudad.
Las familias ya no salen a merendar y cenar como habían estado haciendo todo el verano hasta la invasión.
Igualmente ocurre con los niños y niñas que acudían a los parques infantiles y que han dejado de hacerlo por temor a los inmigrantes y por razones de salubridad.
Tampoco los jóvenes lo están pasando bien porque no salen los fines de semana, algunos establecimientos deciden no abrir y en algunos casos como el Chiringuito Spoon han decidido hacer un erte a sus trabajadores porque la crisis les ha pasado factura.
Otros locales y negocios también se están pensando en cerrar sus persianas ante una situación que no se arregla ni tiene atisbos de una solución, al menos a corto plazo.
Y es que no hay nadie capaz de calcular los inmigrantes que continúan deambulando por nuestras calles, unos necesitados pero otros aprovechando la situación para robar, delinquir y amenazar a los ceutíes, sin contar las reyertas diarias entre ellos mismos.
La semana pasada trasladaron supuestamente a los inmigrantes que montaron verdaderos campamentos en playa Benítez y la playa del Trampolín, unos mil setecientos que fueron alojados en las carpas del muelle de Poniente, pero la situación en ambas playas es la misma. En estos dos asentamientos hay entre cuatro y cinco mil personas a los que hay sumar los de los campamentos del polígono El Tarajal, Loma Margarita, Loma Colmenar, muelle de Poniente y en la barriada Sidi Embarek además de los que pernoctan en los alrededores del CETI, lo que hace que en Ceuta permanezcan ilegalmente entre diez y doce mil invasores, una cantidad imposible de mantener ni de aguantar por los ceutíes.
Luego llega el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska y dice que la seguridad es subjetiva y que se va recuperando la normalidad pero cuando la RFEF programa un partido de las selecciones sub-20 de España y México, el ministro pide al organismo federativo que se suspenda por falta de seguridad, toda una incongruencia.
Quiero dar mi apoyo a los cientos de ceutíes que se han plantado con sus casetas en la Plaza de Los Reyes, en la puerta de la Delegación del Gobierno para reivindicar que Ceuta no se vende y que Ceuta se defiende.
Desde este humilde rincón quiero pedir a mis paisanos que no se rindan y continúen con sus reivindicaciones porque Ceuta se lo merece.
Y al Gobierno Central decirle que no venda nuestra ciudad que es española por los cuatro costados.
Por último pido a los psicólogos que se preparen porque los problemas de salud mental empezarán a aparecer en la mayoría de nuestros ciudadanos por una situación que nadie esperaba y que ha superado cualquier otra crisis migratoria en nuestro país.






