El transcurso de los días tras la invasión de julio viene acompañado de la incertidumbre sobre el futuro de la ciudad, ¿cómo quedará Ceuta tras la crisis? A medida que pasa el tiempo, los vecinos ven con preocupación que los campamentos de inmigrantes siguen su curso, con estructuras levantándose en distintos puntos de la ciudad bajo una promesa de temporalidad y el compromiso de que “Ceuta no será un CETI”.
Han sido reiteradas las garantías del ministro de Política Territorial y coordinador del Mando Único, Ángel Víctor Torres, de que las carpas se desmontarán conforme se ejecuten los retornos, aunque hay que reconocer que en la ciudadanía persiste la incertidumbre sobre si esta provisionalidad anunciada efectivamente se cumplirá y cuánto tiempo estarán en pie estos campamentos, sobre todo dada la presión sobre una frontera en la que urge mayor control.
En Loma Colmenar, por ejemplo, se erige una nueva carpa para 300 personas que se sumará a los 1.200 albergados actualmente, mientras se amplían instalaciones en La Hípica para dar cobijo a mujeres y menores que pernoctaban al raso. A estos centros se suman los trabajos en el antiguo campo de fútbol de Caballería, así como los módulos acondicionados junto a la mezquita de Sidi Embarek.
El Mando Único recalca que este despliegue que parece ser cada vez mayor busca retirar de la calle a los inmigrantes mientras se realizan los triajes y filiaciones para la devolución de quienes no tengan derecho a permanecer en el país.
Pero, en este esfuerzo el Estado se enfrenta al reto de poder armonizar la atención humanitaria y el orden legal con la recuperación de los espacios públicos que tanto reclaman los ceutíes, además de la garantía del bienestar de quienes exigen que su ciudad retorne a una verdadera normalidad.






