Aquel joven espigado, de cara pálida y grandes ojos negros, de pelo corto y oscuro, se cruzó por la vida de muchos de nosotros de forma muy peculiar y sin apenas percibirlo. El largo bachiller no nos situó en su camino. Jamás lo vimos pasar por nuestro lado en los largos pasillos del Instituto de Enseñanza Media de entonces. Tampoco en las filas de uniformados bachilleres cada mañana al entonar el Gaudeamos antes de separarnos hacia las aulas. No hubo un guateque, en aquellos 60, en el que apareciera; no acudió nunca a los jardines de San Sebastián a oír cantar a nuestro amigo Carlos Bernal la famosa rima de Bécquer, “Del salón en el ángulo oscuro…”, ni a la Plaza de África a unirse al grupo de jóvenes a corear el Only you de Elvis en la fantástica e inolvidable voz de nuestro compañero Susi. Y, sin embargo, aquel joven fue alumno del bachillerato nocturno del INEM, como un día supimos por azar, y logró superar los estudios y matricularse en la Universidad de Granada para iniciar su carrera de medicina. Se llamaba Maimun Abdelkrim Septi, y lo conocíamos por Abdelkrim Septi, que en castellano viene a significar “El Generoso Ceutí”. Fue al iniciarnos en los estudios universitarios en Granada, en el curso 70/71, cuando Abdelkrim se nos mostró de forma clara y contundente, hilando con nosotras una curiosa y entrañable complicidad a lo largo de nuestras vidas. En cada viaje de Ceuta a Algeciras en el Virgen de África, aquel joven nervioso y asertivo se nos acercaba a las chicas muy respetuoso para solicitarnos que le pasáramos por la antigua aduana un cartón de tabaco, unas figuritas chinas o unas mantelerías bordadas multicolores. Su fama de buen muchacho y esforzado estudiante le precedía; todo el mundo conocía a Abdelkrim, de modo que ninguna de nosotras se atrevió a negarle jamás sus azarosas peticiones: a la salida del barco nos reunía en un rincón del puerto para recuperar todos aquellos artículos distribuidos en las bolsas de cada una de nosotras. “Mercancía” que, sin duda, lo ayudaba a proseguir sus estudios en Granada. De esta guisa no hubo ni levante ni poniente en las diversas travesías hacia Algeciras, en los que Abdelkrim no asomara por la cubierta del barco, o por su interior, ya fuera en proa o popa, para solicitarnos con rostro severo y mirada suplicante aquel gesto solidario que asumíamos de manera automática sin mediar palabra alguna. Una vez concluidos los trámites de aquellas peculiares actuaciones, y saliendo del puerto hacía el tren que nos conducía a Granada, Abdelkrim desaparecía como por arte de magia. No lo volvíamos a ver; ni siquiera en Granada nos cruzábamos con él. Y, aunque la Facultad de Medicina estaba alejada de nuestra Facultad de Filosofía y Letras, Granada era – y sigue siendo – una ciudad pequeña en la que no hubiera sido difícil encontrarnos, aunque fuera esporádicamente. Pero no ocurrió así con Abdelkrim, del que ni siquiera supimos dónde se hospedaba. Hasta que llegaron los días de la huelga del 70, y la Universidad se puso en pie junto al movimiento obrero; fueron días terribles para nosotros, recién llegados a este otro mundo fuera de las estrechas fronteras de Ceuta. Días llenos de incertidumbre, en los que solo logramos del Rector de la Universidad que nos anulara a todo el estudiantado la matrícula oficial para pasarnos a alumnos “libres”, con lo que todo el esfuerzo realizado durante el curso, además de las calificaciones obtenidas en los exámenes parciales, quedaban absolutamente invalidados. Fue uno de los castigos de la institución universitaria más socorrido contra sus estudiantes. Las encarcelaciones, los castigos físicos, las humillaciones de todo tipo…, fueron otras artimañas de la dictadura contra los gritos de democracia, justicia y libertad en aquellos aciagos días. Un tiempo incierto en el que era urgente reorganizarse en el estudio de cara a los exámenes finales. Una de las materias más complicadas era la lengua árabe, asignatura que muchos de nosotros nos vimos obligados a elegir por nuestra casi absoluta ignorancia de la lengua griega, impartida en el Instituto por nuestro singular Don Arturo, alias “el supino”; este profesor que tanto sabia y que tanto le costaba instruirnos en su saber. Y fue en este momento cuando Abdelkrim se mostró de nuevo en nuestra vida cotidiana como el profesor de lengua árabe que necesitábamos para nuestros fines académicos. Se ofreció complacido a impartirnos la materia, previo acuerdo económico amistoso. Y allá que íbamos determinados días de la semana a la Facultad de Medicina, en la que Abdelkrim se movía como pez en el agua, vestido de traje oscuro y corbata, exquisito en sus modales, serio y firme en sus movimientos, como si de un profesor de la Facultad se tratara; saludaba a unos y a otros, y no se cortaba un pelo a la hora de avisar amablemente a un bedel u otro a fin de que le abrieran la puerta de la sala en la que nos impartía la clase. No cabía duda alguna de que Abdelkrim era un personaje respetado en aquella inmensa Facultad de Medicina, así se nos revelaba este estudiante adelantado, y en su importancia, nosotras, sus pupilas de lengua árabe, también nos sentíamos importantes, a la vez que tremendamente sorprendidas. Y así, las clases de árabe se iniciaban entre aquellas antiguas paredes de la sala en cuestión, arremolinadas en las sillas de terciopelo rojo frente a este profesor improvisado, cuya apostura y buena pronunciación de su lengua materna, la lengua árabe, se nos ofrecía mientras leía los textos que por entonces nos exigían en las aulas, los Cuentos de Yeha. Era evidente su desparpajo en la materia, su calidad docente, que jamás pusimos en duda. También algo de gramática árabe nos explicaba, y así, un día tras otro nos fue seduciendo en la instrucción de una lengua compleja y que no todos los ceutíes arabófonos conocen si no han ido a la escuela a aprenderla. Porque, como bien se sabe, no todos los ceutíes que hablan árabe, saben leer y escribir en su lengua árabe. La “diglosia” es característica de esta lengua, es decir, la existencia de una lengua hablada (dáriya) y una lengua escrita (árabe literal), a la que hay que estudiar mucho para aprenderla. Y no nos engañemos, quienes reivindican el dialecto, el dáriya, como lengua de educación lingüística en las escuelas, están reivindicando su propia ignorancia de la lengua árabe para conocer su legado y patrimonio cultural, entre otros muchos aspectos. Y aquí no caben demagogias ni presumir de aires progresistas a la hora de reivindicar el dáriya en el contexto educativo ceutí, porque es un tremendo error y una desconsideración hacia los propios árabes de Ceuta. Abdelkrim era consciente de todas estas particularidades. ¿Dónde aprendió nuestro profesor y amigo el árabe literal en Ceuta? Tal vez fuera a la mezquita de niño, como solían hacerlo algunos de los migrantes marroquíes asentados en la ciudad, o tal vez asistiera a las clases de árabe “clásico” que Don José María Fórneas impartía en el INEM, en la cátedra de lengua árabe instituida en los 60 y 70, y cuyo objetivo era precisamente el de enseñar la lengua a los muchachos árabes de Ceuta para adiestrarlos en la lectura y escritura y así poder acceder al grandioso patrimonio de su lengua y cultura. Pero, en aquel tiempo, nunca le preguntamos a Abdelkrim cómo llegó a adquirir sus primeros conocimientos, porque en aquel entonces ignorábamos la existencia de la diglosia de la lengua árabe, creyendo que todo ceutí arabófono leía y escribía en su propia lengua como lo hacía Abdelkrim. Un día, las clases de árabe se interrumpieron en aquella sala de la Facultad de Medicina. Nuestro amigo profesor se disculpó con nosotras. Le era imposible continuar. Nos lo comunicó con la misma severidad y convencimiento con los que había accedido a impartirnos aquellas breves clases. Nunca supimos los motivos de esta interrupción. La incógnita aún continúa en el recuerdo.
Toda vez que me dirijo al Hospital de Ceuta, me emociona ver a Abdelkrim en su estatua de bronce, con el paso firme y decidido, como solía caminar en su permanente esfuerzo por salir adelante, por lograr alcanzar la histórica Facultad de Medicina de la Universidad de Granada y concluir sus estudios finalmente. Y me alegro de los honores recibidos, la Medalla de la Ciudad, la Avenida con su nombre… Y, sobre todo del respeto y el cariño a su persona profesados por el pueblo ceutí que, en su mayoría, ha sabido apreciar la labor de este “Generoso Ceutí” sobre el que volcó todas energías y su gran humanidad… Y de la memoria, aún nos llega el inevitable eco de su voz leyendo aquellos ilustres y entrañables relatos en lengua árabe. Siempre en el recuerdo, Dr. Abdelkrim.







A MARIBEL, EN SU ENTRAÑABLE RECUERDO A ABDELKRIM...
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- Bonito artículo de Maribel, acerca de "Abdelkrim", aquel muchacho que se ganaba la vida llevando las bolsas a la señoras en la plaza, como a Paquita, que me lo contó muchas veces, cuando le dijeron que Abdelkrim estaba de médico en el Hospital de Ceuta, después de estudiar la carrera en la universidad de Granada...
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- Ciertamente, Abdelkrim, es un ejemplo a seguir para todos los jóvenes de nuestra ciudad, sin distinción sexo, raza o religión, es un valor a imitar a secas, tal vez uno de los mejores a lo largo de su historia. Algunos dicen, que su recuerdo bien merece una estatua en el centro de la ciudad, junto a Sánchez Prado, que bien mirado, sería lo suyo y lo que merece la dedicación y el sacrificio tan notable de ese singular galeno, por los pacientes y enfermos de la ciudad a lo largo de su estancia entre nosotros...
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- Todos los niños del Instituto por una u otra razón conocíamos a Abdelkrim... Cursaba el bachiller nocturno -fue compañero de Joaquín -mi padre, que también estudió el bachiller nocturno- y asistía por las tardes a las clases de Física y Matemáticas de don Manuel Morales -primero en la Calle de “General Yagüe”, y después en la calle La Legión-; don Manuel, nunca le cobró la enseñanzas de estas asignaturas, y siempre tenía alguna broma simpática para él, por sus características tan singulares en su extraordinaria personalidad.
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- Para los alumnos del Instituto, Abdelkrin -como he mencionado anteriormente- era un personaje singular que rompía ciertos moldes sociales y se atrevía a dejar su impronta en una personalidad bien diferente al resto de nosotros. Personajes como Abdelkrim, siempre han surgido del pueblo como arquetipos singulares que recogen lo mejor del acervo y la sabiduría popular, para mostrarlo como auténticos héroes que sobrevivieron las condiciones adversas en las que principiaban su larga andadura en la conquista de su sueños, que en el caso que nos ocupa, era nada más y nada menos que alcanzar los estudios de doctor en Medicina...
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- Y, logró su diploma de doctor en Medicina, a pesar de las penalidades que padeció en Granada, como me contaba nuestro amigo Mogtar -regentaba unos negocios propios en Granada- que le ayudo en algunas ocasiones, y también es otro ejemplo de construirse asimismo, porque como todo el mundo sabe en el barrio de La Puntilla, comenzó vendiendo collares a los “guiris” que se acercaban a Ceuta, a comprar transistores y figuras de porcelanas entre otras mil cosas...
A modo de colofón nostálgico y reconocimiento de su figura, añadiré unos párrafos que hemos entresacados del artículo que tuvo a bien publicarnos el diario «EL FARO», con motivo de su triste perdida, a saber:
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«Corría el curso 1966-67, y el latín, el terrible e insuperable latín, me había apartado de mis compañeros de curso; de tal manera, que don Manuel Morales -nuestro profesor particular, como se decía entonces-, a aquellos muchachos que nos encontrábamos en circunstancias parecidas, habilitó un grupo para preparar las asignaturas pendientes y los grupos de aquella insufrible “Revalida” del Bachiller Elemental; y de paso -como si no tuviésemos suficiente tarea-, preparar algunas asignaturas de quinto curso.
Así, que a la salida de sus clases -que por entonces se situaban en un amplio salón de casa de su madre en la calle General Yagüe, hoy, Alcalde Fructuoso Miaja Sánchez, justo unos portales más abajo del “Whisky a Go-Go”-, junto con mis compañeros Vicente Jiménez y Manuel Quintero, bajamos toda la calle, ascendimos por la verja de los Agustinos, y ya en la calle Real, junto al Banco Hispano Americano, nos abordó un muchacho magrebí, que al verme el libro de Química bajo el brazo, tuvo a bien el pedírmelo para copiar el autor y la editorial que lo publicaba. Un poco sorprendido le cedí el libro de texto, que en su portada gris se anunciaba el nombre de sus autores: Roberto Feo García y José Manuel Izquierdo; y en letras más grandes: QUIMICA 5º CURSO. En páginas interiores repetía esta rotulación y reseñaba: 3ª edición. Año 1962. Y, finalmente, añadía: ES PROPIEDAD. Que en este caso, al nombre de Juani Fortes Castillo, le sumé el mío. Parece increíble, que pasados casi cincuenta años de aquel encuentro casual, que junto a libros como el “Bhagavad Gita”, la autobiografía del Mahama Gandi y San Francisco de Asís, o el del “Pan desnudo” del rifeño, Mohamed Chukri, de la pequeña biblioteca que hay junto a mi cama, se halle un libro de Química que Abdelkrim tuvo entre sus manos…»
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Un bonito relato contado con sensibilidad y belleza, Maribel... Continua escribiendo, estas historias, porque son verdaderos paisajes humanos que deben de ser recordadas por aquellos que amamos a nuestra ciudad, y a su personajes más singulares que alcanzan nuestro corazones. Un beso, guapa... Manuel.
Gracias, Manuel Castillo, por tus bonitos y animosos comentarios. Viniendo de un maestro como tú, se agradecen aún más. Tu glosa añade sabiduria y enriquece el relato. Seguiremos escribiendo in chaa Allah.
Un fuerte abrazo. Maribel Lázaro
Precioso artículo lleno de aquella humanidad que se desprendía del dr. Abdelkrim, al que todos los caballas de varias generaciones conocimos. Primero como alumno -yo cursaba cuarto de bachiller cuando Abdelkrim era alumno de nocturno y a los niños de catorce años nos llamaba mucho la atención que un chico mayor asistiera por la mañana a nuestras clases de Lengua como oyente. El profesor nos explicó que Abdelkrim le había pedido asistir para repasar la asignatura de Lengua y Literatura españolas. Todo un ejemplo de tesón y ganas de aprender. Después supe que se marchó a Granada a estudiar medicina, y años después, trató a mi padre en el Hospital de Ceuta y tuve ocasión de saludarlo ya como médico, pero tan humano, sencillo y buena persona como fue siempre.
Como digo, un recuerdo precioso que Maribel Lázaro nos trae de su mano nostálgica, amable, certera y desde luego muy literaria. Y muchas gracias por haberme incluido entre esos recuerdos de un tiempo que fue tan bonito.
Tuve la inmensa suerte de llegar a conocerlo y ya a su lado, sentías que no estabas junto a una persona cualquiera, estabas con alguien especial, lleno de una inmensa bondad y una infinita humanidad. Un profesional como pocos, siempre preocupado y ocupado por sus pacientes (mi abuela fue una de ellas). Con seres humanos como el Dr. Abdelkrim no había que buscar paraiso alguno, estabas en él. Serás igual de grande y bueno, allá donde estés. Hasta siempre DOCTOR.
Una persona muy entregada a sus pacientes.Recuerdo como trató a mi abuela en Cruz Roja, antes de su muerte,y aparte del gran profesional que era, el cariño con que fue tratada,y la empatia con nosotros,la familia.
A mi también me emociona verlo allí en la explanada del hospital.De hecho creo que en Alma sigue velando por los enfermos..
Dr.Aldekrim Siempre en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.
El buen hombre, Doctor Abdelkrim, siempre en el recuerdo.
Todos los homenajes son pocos.D.E.P.
Buen ceuti y ejemplo de profesional,un caballa de pro.
Primero Me gustaría expresar mi sincero pesame por esta triste ocasión del fellecimiento del Doctor Abdelkrim. Sin embargo quisiera dejar comentar algunas cosas acerca de este artículo. Todo el mundo sabemos que la inmensa mayoría de la oblación que vive en los países del magreb son de raza bereber o fruto de un gran mestizaje entre la raza local bereber y los árabes que vinieron del medio oriente. Entonces es más conveniente qualificar los de arabofonos en lugar de árabes. Y no hay que olvidar que la daría es una lengua creole que es bereber en su estructura y árabe en su léxico. Junto con muchísimas palabras de bereber español francés y hasta ingles
Los guardias civiles sabemos muy bien la extraordinaria persona que era y lo buen profesional. Como anecdota dire que un dia se presento el la Comandancia, porque un paciente suyo tenia estaba siendo acosado y os aseguro que las voces se escucharon en toda la comandancia y tambien se le soluciono el problema al guardia civil. Era una muy buena persona, se implicaba en su trabajo y era tremendamente humano. En cuanto a la estatua, dire que deberia tener otra en el centro de la ciudad, porque sin duda Sánchez Prado y Abddelkrim son las dos personas mas queridas que ha tenido esta ciudad. Para evitar suspicacias solo dire que no fui yo el guardia civil al que ayudo el doctor.
Un gran ser humano y un gran profesional. El Dr Abdelkrim ha dejado un importante legado de convivencia en nuestra ciudad. Su ejemplo rompe todos los esquemas de la sociedad distópica que sueña Abascal...
Me gusta tu escueto comentario.
Que gran persona y muy buen amigo mío.
Todavía comento con mis amigos anécdotas de él. Era un crack.
Gran artículo,mejor persona,la estatua de la que hablas fue pagada por los ceutíes con sus aportaciones pq el gobierno para eso n tenía dinero,para Serran pages si,para el renombrado convivencia si,para Elena Sánchez si,etc etc,quedasteis con el culo al aire vivistas, viva abdelkrim,tu legado será imborrable
Será muy dificil que Ceuta, tenga otro profecional y persona, como lo fué el doctor Abdelkrim.
Que Diós lo tenga en su reino.??
Yo lo conocí de niño-adolescente cuando llevaba la carretilla de un frutero por la calle. También cuando ayudaba a las señoras en la plaza a llevar sus bolsa. Ya decia que iba a estudiar el bachillerato y después iría a la Universidad. Voluntad de hierro, se llama.
Precioso artículo, lo conozco desde q era pequeñita, éramos de la misma calle, se preocupó por mi padre hasta el último momento, por su vecino..., Nunca olvidaré su forma de caminar, su saludo y su humor q también lo tenía... siempre vivirá en el corazón de muchas personas
Inolvidable su recuerdo, su legado, su vocación, su filantropía y así se escribe su historia.
He tenido el placer de conocer a este maravilloso ceutí y una gran persona, en hora buena por su pequeño omenaje a través de este articulo
Muy bonito artículo ??????