• Ingesa lava su cara en torno a una gestión puesta en entredicho por los propios trabajadores que, lejos de considerar la situación como llevadora, la tildan de inasumible

Sábado. Día de la Autonomía. Puente festivo en una Ceuta a medio gas por la previa celebración de la Pascua del Sacrificio. Una ciudad desdibujada en los comercios (casi todos cerrados) pero al mismo nivel, o más, de incidencias sanitarias. Al Hospital no paran de llegar personas en busca de atención, muchos de ellos críticos, pero el HUCE atraviesa otro fin de semana sin personal suficiente. Nada cambia en el interior de un Hospital construido para ofrecer unos servicios a los que no llega.

Agotados, quemados, haciendo frente a situaciones inasumibles… la vida del sanitario se mueve al límite en una jornada más sin explicaciones. Agosto es cogido como mes vacacional por muchos de los directivos sin que queden solucionadas las faltas de personal del Hospital. Las carencias no son nuevas, se conocen desde mayo, aun así pasan los meses, con visita ministerial incluida, e Ingesa no se ve capaz de resolver el callejón sin salida en que se está convirtiendo el sistema que gestiona. Más allá de las campañas de imagen que intenta ‘vender’ a través de comunicados, la realidad a pie de batalla resulta compleja para los trabajadores.

El pasado sábado se incumplieron todos los límites posibles. Un solo médico de Medicina Interna se tuvo que ocupar de Observación en Urgencias y las plantas médicas 1 y 2. Solo tres personas tenían que ver a todos los usuarios que iban llegando, entre ellos un residente, que se supone debe estar supervisado y no puede estar solo en una consulta, al menos en sus primeros meses, al contrario de lo que sucedió el sábado. Las horas iban acumulándose en espera, los nervios entre los que reclamaban una atención sanitaria iban a más y, ante esto solo un médico haciendo frente a todos los casos que llegaban. Que solo un médico tuviera que atender Urgencias y dos plantas supone un atentado contra cualquier previsión sanitaria. Lo normal, apuntan fuentes de toda solvencia, es que un sábado o domingo el servicio esté cubierto por 6 médicos más un refuerzo nocturno: dos en box 5 y 6, tres en box 2, 3 y 4, 1 en pediatría de urgencias box 7 y 1 en observación de urgencias, para ya por la noche entrar un refuerzo para cubrir las horas de descanso.

Ingesa replicaba ayer ante tamaño despropósito que en Urgencias no pasan ni pediatras ni traumatólogos consultas, “pero si tienen un servicio de pediatría de urgencias que lo lleva un médico de urgencias, una enfermera y una auxiliar, cuando el servicio de pediatría no está cubierto por un médico, esta función la asumen los médicos del pasillo de Traumatología y críticos, los box 5 y 6”, explican las mismas fuentes.

La situación se hace insostenible e incluso la fuerza de los sindicatos parece chocar contra un muro. No es que no lleguen refuerzos, es que cada vez la situación está peor. Y eso sin contar el descontrol derivado de pacientes que generan altercados dentro del Hospital, las amenazas a los profesionales que terminan extendiéndose a pacientes de otras habitaciones.

Este tipo de situaciones extremas se han denunciado, mientras la respuesta que ofrece Ingesa es la de puntualizar que los estados que se viven no son críticos ni extremos. Los sindicatos están poniendo de relieve también la marcha de especialistas en áreas de tanto peso como Oncología, que lleva a que las citas se den con retraso. ¿Caben otras salidas más allá de la crítica? Los propios afectados se enrocan en una situación insostenible, hasta el próximo episodio.