Ingesa ha salido al paso de las críticas que lleva recibiendo por la falta de especialistas y la situación general de la sanidad. Dice que trabaja en evitar situaciones y avanza que se está reaccionando ante la marcha de profesionales de distintas áreas. Sale al paso de todo lo que suene a denuncia sobre su gestión obviando algo más que un detalle: un reconocimiento, aunque sea mínimo, de que su gestión no es todo lo buena que debiera. Porque aquí es imposible que todos se hayan confabulado para volverse locos y decidir, de la noche a la mañana, atacar a Ingesa. Partidos políticos, ciudadanos, sindicatos, medios de comunicación… La Dirección Territorial parece que responde a todas las quejas saliendo a la defensiva, en vez de reconocer que quizá algo tenga que ver con todos los desaguisados que se van formando. La fuga de especialistas no solo tiene lugar por jubilaciones o por ofertas de trabajo jugosas, quizá haya que hablar de las persecuciones a determinados sectores o de la ausencia de incentivos para convertir las plazas en atractivas. La última y única visita de la ministra de Sanidad a Ceuta de poco o nada sirvió, de hecho ni tan siquiera se reunió con los representantes de los trabajadores. Y estos son los resultados: quejas, protestas, bajas… Situaciones extremas que no se calman con comunicados en los que la ausencia de responsabilidad o la falta del ‘mea culpa’ suena demasiado a orgullo. Y esto, precisamente, es lo que no debería sobrar dadas las circunstancias en las que se encuentra un sistema sanitario que lleva demasiados meses en el punto de mira. Los caminos de respuesta elegidos por Ingesa son, cuanto menos, erráticos.