• El estudio encomendado a Tragsa refleja las “diferentes patologías” lo que compromete “su estabilidad y ornato” y pone en evidencia la situación de deterioro en que se encontraba el pabellón

El estudio que ha realizado Tragsa sobre el estado del pabellón deportivo José Ramón López Díaz Flor no deja lugar a dudas acerca de los graves daños estructurales que aconsejaron su rehabilitación o su derribo, elección esta última por la que se decantó la Ciudad Autónoma. La encomienda a esta empresa para que hiciera un estudio al respecto, que ya ha sido finalizado y a cuyo contenido íntegro ha tenido acceso El Faro, abunda tanto en los “graves daños” de “elementos estructurales como de las instalaciones”, sumado a la “falta de idoneidad de las áreas deportivas”.

En las conclusiones del estudio estructural del polideportivo se apunta a que “con carácter inmediato”, se debe “asegurar el cierre de la zona de piscinas, así como proceder a la retirada de elementos de la cubierta en claro riesgo de caída” y se alude a los problemas que presenta el edificio para garantizar su viabilidad deportiva como se daba hasta la fecha.

El ‘Díaz Flor’ ha tenido en los últimos dos ejercicios a 4.000 usuarios pertenecientes a distintas actividades, a los que hay que añadir los abonados libres de la piscina y los usos de las pistas para partidos de todo tipo, lo que termina incrementando la cifra hasta las 6.000 personas. Un número del que se desprende la “urgencia” para el desarrollo de las actuaciones previstas, “teniendo en cuenta la escasez de infraestructuras deportivas en Ceuta y la gran demanda de plazas”, tal y como se apunta en la memoria justificativa de la encomienda.

La situación del complejo deportivo alcanza tal deterioro que no cabía lugar más que a una actuación contundente debido a la precaria situación en que se encuentran los “elementos de su estructura” como consecuencia de “diferentes patologías asociadas a procesos medioambientales y constructivos”, reza este estudio. Un deterioro que “condiciona su estabilidad a la hora de ejercer su función como elementos resistentes” lo que compromete su “estabilidad y ornato”, añade.

En los análisis de la estructura llevada a cabo se alude a la posibilidad de desprendimiento de elementos de la fachada exterior y se advierte del “riesgo de caída” de algunos elementos, amén de las posibles filtraciones de agua desde la cubierta del edificio “por no mantener la impermeabilidad requerida” y la aparición de humedades y elementos corrosivos. “Existe”, apunta el estudio, “una canalización de agua que discurre por debajo del pabellón y vierte en la playa aledaña que puede ser motivo de diversas patologías en el edificio… lo que puede afectar a su estabilidad”, sentencia, viniendo a dejar clara muestra de la envergadura de un problema sobre el que urge una actuación inmediata.

Los problemas y deterioros localizados en el exterior del pabellón se extienden al interior, en donde se ha localizado una avanzada corrosión en distintos elementos estructurales como pilares y vigas metálicas además de otros puntos que, se advierte, “pueden poner en peligro a los usuarios” de la instalación.

El estudio de Tragsa ha tenido en cuenta tanto el estado de los propios cimientos del pabellón como de la estructura, detallándose, por ejemplo, el grado de corrosión “muy avanzado” que se detectó en la zona de piscina así como los “signos de corrosión” hallados en la estructura metálica y pilares sobre los que urge un refuerzo. “La estructura de hormigón se encuentra en buen estado aunque no así la cimentación”, advierte Tragsa en su estudio.

Además de la estructura hay otros asuntos objeto de análisis como lo ha sido el sistema de ventilación, que es calificado de “obsoleto”, “está averiado, lo que evita que se renueve el aire del interior, propiciando un ambiente húmedo muy nocivo para la estructura y las instalaciones del pabellón”, reseña. A esto se suman las deficiencias causadas por la humedad en otros puntos del edificio.

En el estudio ya se avanza que, conocidos los fallos y deficiencias, sería más acertado (como al final ha determinado la Ciudad) apostar por un proyecto de obra nuevo en vez de una reforma ya que, se indica, la cantidad de “obras” que deben llevarse a cabo “son numerosas y de gran entidad” para lo cual ya es obligado “demolerse diversas instalaciones que faciliten el acceso y la circulación por el interior”.

No es que fuera la ‘casa de los horrores’ pero del estudio sobre el estado del pabellón resulta de todo menos conclusiones positivas. Tragsa no solo analizó la infraestructura sino también las propias instalaciones y equipamientos, deduciendo, por ejemplo, los fallos por pérdidas detectados en las piscinas o cómo el sistema de desinfección no funciona adecuadamente, entre otros asuntos.

El pabellón, construido en 1997, llevaba años soportando deficiencias y se había llegado a un punto en el que resultaba imposible su uso sin poner en riesgo a los usuarios de las distintas instalaciones contenidas.

La Ciudad ya ha encomendado la redacción del proyecto del nuevo polideportivo por 156.209 euros, habiendo gastado casi 20.000 euros en este estudio encomendado a Tragsa.

El origen

  1. 1 de septiembre de 2016. Se decreta el cierre del complejo deportivo al detectarse varios daños. El 28 de febrero se hace otro informe de necesidades.
  2. Qué se detecta. Daños en la base de los pilares debido a la corrosión del hierro o problemas de goteras en la cubierta, entre otros.
  3. Ausencia de datos. Ha habido dificultad para encontrar el proyecto inicial y se sabe que bajo el edificio discurre el cauce de un arroyo lo que termina causando problemas.
  4. Más problemas. Hay deficiencias de saneamientos y se incumplen las normas de accesibilidad y protección. Los daños estudiados por Tragsatec son graves.

Carencias

Normativa de accesibilidad

El estudio contempla una serie de cambios que hay que poner en marcha para cumplir con la normativa en materia de accesibilidad, ya que el complejo deportivo ni tan siquiera atendía cuestiones mínimas adecuadas a las directrices que están en vigor.

Humedad

El edificio no cumple con las exigencias de protección frente a la humedad, al detectarse una presencia inadecuada de agua y humedades en su interior. Respecto a la calidad del aire interior, no dispone de medios para que pueda ventilar adecuadamente. Tiene además problemas de evacuación de aguas.

Ruido

Tampoco se cumple con las exigencias básicas de protección frente al ruido, ya que no supera los valores mínimos de aislamiento exigibles. En las conclusiones del estudio se recomienda mejorar la envolvente edificatoria, la tabiquería interior y los acabados de algunos de los espacios y las carpinterías.

Ubicación

En el informe elaborado por Tragsa se alude a los problemas que presenta el pabellón deportivo por su propia ubicación ya que están relacionadas con hidrología y la existencia de problemas subterráneos.

Demolición o reforma del edificio

Rehabilitación o derribo y nueva construcción. Estas fueron las dos alternativas que en su día barajó la Ciudad y las dos que han sido estudiadas en el informe elaborado por Tragsa. Un estudio que llevó de la mano la estimación del coste comparativo de ambas decisiones.

Así, tal y como consta en el informe a cuyo contenido ha tenido acceso este periódico, la rehabilitación del pabellón pasaba por varias fases complicadas como la relativa al desmontaje de la estructura metálica existente y el tratamiento y reparación de cada una de las piezas. Dicha rehabilitación obligaba además a algunas demoliciones, cifrándose los trabajos llevados a cabo en cinco millones.

Esta apuesta, que finalmente fue desechada por la Ciudad, imposibilitaba la construcción de una pista polideportiva y advertía del no cumplimiento de normativas vigentes, por ejemplo, en materia de seguridad, siendo inviable la eliminación de barreras arquitectónicas debido al propio diseño del pabellón. “Tendríamos un edificio funcional cuya vida útil se vería prolongada ligeramente, pero que no cumpliría con la demanda de uso del ICD y cuyo periodo de servicio solo podría prolongarse en el tiempo con una elevada inversión anual para garantizar el mantenimiento del edificio”, concreta el informe. Cinco millones es la dotación que se presupuestó para eliminar la mayoría de los daños detectados y poder solucionar solo algunas de las patologías, en especial las que afectan a su estructura. “La reforma”, advierte, “conlleva a la obligatoriedad del cumplimiento de la normativa en vigor que, en muchos extremos, no sería posible debido a la construcción propia del edificio”, expone.

La demolición y construcción de un nuevo pabellón, oferta por la que se decantó la Ciudad aun suponiendo mayor gasto (alrededor de un millón más), pasaría por la habilitación de una zona con dos piscinas y otra destinada a la pista polideportiva. Se completaría con más espacios deportivos, salas y más graderíos para el público. “En este caso se conseguiría un edificio funcional cuya vida útil sería prolongada, pudiendo desarrollar un programa de necesidades que albergase un centro acuático de alto nivel que cumpliría con creces la demanda de una gran parte de los usuarios”, se explica en el informe.

“Esta opción solucionaría todos los problemas patológicos que afectan al edificio base”, reseña, eliminándose muchos de los problemas existentes. En cuanto a plazos, el relativo a la demolición y posterior construcción del nuevo pabellón se vería reducido de forma considerable respecto a la opción de rehabilitación que fue desechada.