• Un informe del Instituto Elcano analiza dos factores de fanatización: a través de activistas, figuras religiosas o familiares extremistas; y por vínculos sociales previos en la misma localidad.

El Informe del Real Instituto Elcano ha publicado el informe ‘Dos factores que explican la radicalización yihadista en España’, cuyos autores son Fernando Reinares, director del Programa sobre Terrorismo Global del Instituto Elcano y catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos; Carola García-Calvo, investigadora principal de Terrorismo Internacional del mismo Instituto y profesora asociada en la Universidad Pontificia de Comillas; y Álvaro Vicente, ayudante de investigación del Programa sobre Terrorismo Global.

El contacto con algún agente de radicalización yihadista y la existencia de vínculos sociales previos con individuos radicalizados explican por qué, dentro de España, hay musulmanes que se adhieren a una versión violenta del salafismo y se implican en actividades terroristas mientras otros no.

En primer lugar, en el 86,9 por ciento de los casos hubo contacto con algún agente de radicalización, “ya fuese éste un activista, una figura religiosa o un familiar”. En segundo lugar, la existencia de vínculos sociales previos al inicio de la radicalización, “basados por lo común en relaciones de amistad o parentesco dentro de una misma localidad”, pudieron constatarse para un 68,7 por ciento de los detenidos.

Los investigadores pusieron como ejemplo de agente de radicalización que es también familiar de algunas de las personas a quien radicalizaba a Karim Abdeselam Mohamed, alias ‘Marquitos’, detenido en 2013 y condenado en 2015. “Este sujeto, que era bien conocido en los círculos yihadistas de la ceutí barriada del Príncipe por su anterior detención y encarcelamiento en 2006, cuando fue por primera vez procesado por delitos de terrorismo yihadista, radicalizó entre otras personas a cinco de sus familiares, incluyendo tres sobrinos residentes en el mismo barrio. Tres de estos familiares fueron detenidos en la misma operación policial durante la cual se detuvo a ‘Marquitos’ y dos más se trasladaron a Siria como combatientes terroristas extranjeros, aunque una prima fue detenido en la frontera que separa a este último país de Turquía”, detallaron en el contenido del análisis.

Este estudio es cuantitativo sobre 178 individuos detenidos en España entre 2013 y 2016 por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista pone de manifiesto, según los investigadores, que estos dos factores son cruciales para entender su radicalización.

El extremismo religioso de los detenidos objeto de este estudio ha tendido a concentrarse en cuatro demarcaciones administrativas: por este orden, la provincia de Barcelona (23,2 por ciento), la ciudad autónoma de Ceuta (22,2 por ciento), Madrid con su área metropolitana (19,2 por ciento) y, finalmente, el otro enclave español rodeado por territorio marroquí, Melilla (12,1 por ciento). El estudio sostiene que este proceso no se produce de manera “uniforme y proporcional” a la distribución de la población musulmana sino en “bolsas localizadas” en determinadas demarcaciones del territorio nacional.

Sus autores indican que un 40,3 por ciento de los detenidos se radicalizó en un entorno mixto, es decir, online y offline y tan solo el 35,3 por ciento de estos se fanatizó en un entorno únicamente online, “casi siempre durante un internamiento en prisión”. Esta última radicalización, sobre todo a través de Internet y redes sociales, fue habitual entre individuos que se radicalizaron en solitario; asimismo, entre quienes lo hicieron como parte de un pequeño grupo de individuos geográficamente dispersos entre sí que no llegaron a conocerse en persona, advirtieron los autores.

Casados, de segunda generación y con trabajo en la obra o el sector servicios

Su perfil también es el de parado o sin ocupación conocida que combina yihadismo y criminalidad

Una sucinta caracterización sociodemográfica de los detenidos por su vinculación con el terrorismo de corte yihadista entre 2013 y 2016 indica que la gran mayoría son varones, tres cuartas partes de ellos de entre 18 y 38 años en el momento de su detención en la ciudad, y más frecuentemente casados que solteros; en proporciones muy similares, sobre todo de nacionalidad marroquí y española.

Alrededor de la mitad son segundas generaciones descendientes de inmigrantes procedentes de países mayoritariamente musulmanes y, en un porcentaje algo menor, se trata de inmigrantes de primera generación con ese mismo origen. Uno de cada diez de los detenidos en las operaciones es converso. Quienes han cursado estudios de educación secundaria triplican a los que, sin embargo, no pasaron de una escolarización primaria.

El informe ‘Dos factores que explican la radicalización yihadista en España’ señala que se trata principalmente de individuos que trabajan en el sector servicios o como obreros no especializados, están desempleados o carecen de ocupación conocida, lo que a menudo significa que combinan actividades yihadistas y pequeña criminalidad. Al menos una cuarta parte contaba con antecedentes penales por delitos de delincuencia común. Su radicalización yihadista se inició a partir de 2011 o 2012 en la mayor parte de los casos. Es decir, tras desencadenarse la guerra civil en Siria y el establecimiento de un condominio yihadista en el norte de Malí. La edad media al comienzo del proceso de radicalización fue de 25,9 años en el caso de los hombres y de 20,7 años en el de las mujeres.