• Los residuos se secan en una explanada de Benzú hasta su posterior envío a la Península

La empresa pública Tragsa ha recogido 165 toneladas de algas desde el inicio de esta actuación el pasado 30 de junio. Aunque habrá que esperar hasta final de verano para conocer la cifra definitiva, todo indica que la cantidad quedará muy lejos de las 5.000 toneladas recuperadas el pasado año.

Un grupo de 50 operarios de Tragsa lleva a cabo esta recogida en las playas de la Bahía Norte, las más afectadas por la invasión de estos organismos que influyen negativamente en las especies autóctonas de los fondos marinos ceutíes.

Estas tareas se desempeñan entre las 7 y las 14.30 horas, aunque los operarios apenas si tienen un respiro ya que en cuanto se retira el manto marrón que cubre la orilla, las algas vuelven a hacer su aparición.

En un principio, y debido a la ingente cantidad de algas acumuladas en las playas, fue necesario un plan de choque con maquinaria pesada. En una segunda fase, en la que actualmente se encuentran estos trabajos, la recogida se llevó a cabo de manera manual con rastrillos, en respuesta a las recomendaciones de los biólogos de Obimasa, a fin de retirar la menor cantidad posible de arena.

Las algas se trasladan hasta una explanada en Benzú cedida por Costas a la Ciudad. Allí permanecen un tiempo hasta su total secado y posterior traslado a la planta de transferencia. Esta operación es fundamental para eliminar el agua de las algas que incrementan su peso y, por tanto, aumentan el precio de envío a la Península, donde pueden ser empleadas como abono o combustible.

La invasión de estas algas se vivió en la ciudad por primera vez el pasado año, cuando los bañistas comprobaron asombrados como una gran cantidad de algas aparecía a diario en las playas ceutíes. Benítez, Benzú, Calamocarro e incluso la Ribera y el Chorrillo en menor medida, amanecían día tras día cubiertas de un manto de algas impidiendo el baño de los usuarios. Además, su exposición durante horas provocaba descomposición, malos olores y la aparición de insectos. Esta situación se agravaba en días de levante y, a pesar de los esfuerzos de los operarios por retirar estos organismos, la marea volvía a traer a la orilla constantes masas de estas algas invasoras.

Desde Sanidad se informó que no eran perjudiciales para la salud, aunque sí molestas para el uso de las playas, ya que en algunas zonas la acumulación de algas llegaba a alcanzar hasta un metro de altura.

La recogida de algas se lleva a cabo mediante una encomienda de gestión a Tragsa por la cual ejecuta las actuaciones de limpieza y mantenimiento en playas, vaguadas y de trabajos verticales en zonas de difícil acceso. El contrato, que supone un coste de 1,6 millones de euros, complementa así los cometidos que no se recogen en el pliego de Trace o de las Brigadas Verdes.