Hemos escrito y contado alguna que otra vez sobre aquella peregrinación de la Virgen del Carmen sobre las aguas del puerto, que antaño los pescadores y las gentes de Ceuta, año tras año, renovaban tras la estela de la traíña que llevaba a la “Reina del Mar”… Aquellos 16 de julios fueron días inolvidables cargados de emoción, donde los niños -pedazos de corazones abiertos a la tradición mariana- se les llenaba el alma columbrando la salida de la Virgen desde el Muelle Comercio, seguido de cientos de barcas que jalonaban sus aguas cercanas haciendo sonar sus sirenas, que repetían incansables los roncos tifones de los buques mercantes de pabellones extranjeros y de “conveniencia” que se hallaban atracado en los muelles de los diques de ponientes -de la Puntilla”- y del muelle de levante de Alfau*. Y, he aquí, que esta ancestral tradición que se lleva a cabo en cualquier pueblecito marinero de Andalucía y de cualquier lugar del país, aquí en nuestra ciudad no puede realizarse porque las Autoridades Marítimas lo han prohibido por falta de seguridad. Y, se da la circunstancia que una larga tradición marinera unida a Ceuta desde que los primeros pescadores quisieron pasear a su Patrona por las aguas de la bahía, ya no lo pueden hacer en virtud de un exceso de celo de Capitanía Marítima, sin que se busque una solución que pudiera compaginar tradición con la normativa vigente. Porque no es de recibo y dice muy poco de los de Capitanía, que, por poner el ejemplo de algunos pueblos del litoral Gaditano, a saber: La Línea, Algeciras, Tarifa, Conil, Barbate, San Fernando, Cádiz, Puerto Real, Puerto de Santa María, Rota, Chipiona, Bajo de Guía y Sanlúcar, sacan y pasean a la Madre de Dios por sus aguas… Y, ¿por qué razón inexplicable, no ha de hacerse también en nuestra ciudad? No; no nos parece en modo alguno que se hallen acertados los responsables marítimos, cercenando de cuajo esta larga tradición Ceutí de más de un siglo, donde la ciudad se reconocía y se festejaba su devoción mariana. Al parecer, se antoja que el cumplimiento escrupuloso de la norma es más importante que el sentir popular y la larga tradición de años; y, que no hay voluntad por parte de la Autoridades Marítimas de hallar una solución que excepcionalice el rigor de la normativa para este ancestral acaecimiento que beneficia al conjunto de los ciudadanos, a la propia Ceuta, como ciudad al pie del mar del Estrecho, y a nuestras benditas tradiciones, que llevan en su acervo cultural, la brisa de salitre y la excelsa belleza de contemplar a la Patrona de los pescadores y marineros navegando por las azules aguas del puerto… A todos los nacidos en esta pequeña península del norte de África -más bien un bajel con el ancla echada a pique para que no garree- nos viene de tradición que el mar nos suspira y nos rumorea a cada instante palabras oceánicas…Y, es claro que deseamos continuar con esta antigua tradición mariana, y al hilo del artículo que yo remitiera al FARO para su publicación, Cati, al leerlo, me envió, el siguiente apunte, a saber: “En el Ayuntamiento se volvieron locos, fue una cosa de nuevos ricos, estatuas por doquier, flores exóticas -fuera del colorido mediterráneo-, plazas y jardines remodelados sin tener en cuenta su antigua estampa, mobiliario urbano sin armonizar en nuestros entrañables rincones, quito esto, y pongo esto otro… Les pasó un poco como a nuestros padres, que cambiaron sus dormitorios de madera noble, por muebles de raylite**; el progreso y el mal gusto parece que van unidos, y lo que escribo lo pongo porque lo siento en mi corazón. Lo que hicieron en los noventa con Ceuta, fue como esos aparadores del comedor llenos de copas, que, con el tiempo, se llenaron de suvenires y otros objetos que no pegaban ni con cola. La Ceuta de mi niñez, de adolescencia, de mujer joven, la destrozaron para siempre jamás…” Y, al cabo, no pude sustraerme a responderle, pongamos: Pero que bien lo has expresado, Cati, mejor imposible… Las autoridades de Ceuta actuaron como unos nuevos ricos, e hicieron -como bien dices- como nuestros padres: “cambiaron los muebles de madera noble por “raylite”, porque decían que se podía pasar un paño mojado y no se estropeaban”.  Y, así fueron cambiando el paisaje sencillo primigenio de Ceuta por algo impersonal como está ahora, Y, quitaron el Muelle Comercio, por uno deportivo, cuando la pesca era la primera industria de Ceuta*** con cientos de pescadores y empresas auxiliares a su alrededor, que hoy desgraciadamente ha desaparecido… La pesca hoy en Ceuta agoniza, arrumbada en el rincón de Alfau, sin apenas barcos, sin una lonja en condiciones, y sin poder competir con la entrada de “aquella manera” de pescado importado desde el vecino Marruecos… La concha fina, el pulpo y los “volaores”, productos típicos de la pesca en nuestra ciudad, se pesca y se importa desde el vecino país… Y, quitaron todo el ventanal norte abierto a las aguas del Estrecho, con sus hermosos paseos de la Marina y el Paseo de las Palmeras, para colocar piscinas artificiales y el Club CAS en medio de la dársena pesquera. Y, con ello, hicieron desaparecer la lámina azul que copiaba los espejos añiles de los cielos… Y, yo les pregunto a esas autoridades que rigieron el Consistorio en esos años: ¿Es qué acaso no había sitio en las playas de Benítez, Calamocarro o Benzú -en la bahía norte-; o al final del Chorrillo, en la Almadraba o el Tarajal -en la bahía sur- haber construido en estos lugares el Parque Marítimo?  ¿Es qué acaso estorbaba como anteriormente se hallaba el Club CAS -dentro del interior de las murallas-, para tener que cimentar una explanada de cemento y alejarnos de la bonita vista del mar que se allegaba hasta la misma balaustrada del Paseo de las Palmeras? Todo, Cati, ha sido un sinsentido, de gente poco inteligente, de gente poco apegada a nuestras tradiciones y por el contrario con mucho ánimo de lucro, animada sólo por la avaricia desmedida y el deseo de vivir por encima de las sencillas posibilidades que nos puede dar nuestra ciudad… Y, ahora, Ceuta se ha quedado en medio de la nada, porque es una ciudad que apenas puede enseñar -salvo las Murallas Reales- su pasado, su centro histórico que cualquier ciudad muestra a sus visitantes. Ceuta, ahora es un conglomerado de acero y cemento, que acabará por no reconocerse para nada así misma… Ceuta es ya una ciudad impersonal, dónde, con tanto cambio urbanístico, ya no nos reconocemos las generaciones que aún llevamos el pretérito impresionado en nuestras retinas… Ceuta lleva camino de ser una ciudad fallida, una ciudad de diferentes culturas que no se comunican entre ellas, y cada una va a sus preocupaciones sin importarles la sensibilidad de la otra… Ceuta, dicen que es una ciudad “multicultural”, sin embargo cada cultura vive arrinconada en su esquina, sin que sus comunidades convivan entre ellas, y sólo el propio interés por la supervivencia de cada nuevo día, es el único lazo que les une… Ceuta prefiere vivir en la indolencia y la ausencia del día a día, sin vislumbrar un futuro que la haga posible con las capacidades y los recursos que bien pudiera tener… Pareciera que Ceuta fuera un gran bazar donde todo puede comprarse y venderse, hasta nuestra propia identidad, que eso no debería estar en venta, porque la identidad es patrimonio del alma, y el alma sólo la venden aquellos que antes han perdido el corazón…