Autor: Juan Luis Aróstegui

El 1 de Mayo, manifestación

La lucha de clases existe y la van ganado los ricos por goleada”. “Estamos asistiendo a la revolución de los poderosos”. “Vivimos en una dictadura financiera con fachada parlamentaria”. Estas frases, breves y concisas; pero nítidas y rotundas, explican la coyuntura política (lo de social y económica viene por añadidura) en la que nos encontramos. Es muy importante, aunque realmente difícil, sustraerse a la potentísima maquinaria de propaganda que controlan y manejan las élites para no sucumbir a la trampa dialéctica que nos han tendido. Un proceso de reconversión brutal de las estructuras económicas que sostenían el modelo de estado democrático (banalizando el valor del trabajo y reduciendo a los trabajadores a un mero factor de producción sometido a las crueles leyes del mercado), lo han presentado como una “crisis económica pasajera” de la que “ya nos estamos recuperando”. En esta perversa maniobra envolvente los partidos del régimen (popularmente conocidos como “partidos de la casta”) desempeñan un papel  fundamental. Son los encargados de dotar de legitimidad democrática a los ataques y atropellos del capital. La realidad es que la única forma de mantener afinada la gigantesca maquinaria de obtener beneficios (cada vez más obscenos e incompatibles con los principios éticos más elementales) era pulverizando todos los derechos sociales y reduciendo el precio del trabajo (los salarios). Explotación en su sentido más genuino. El respeto a las “condiciones adquiridas” es...

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El Ojo del Huracán

Asombrados, espantados e impotentes, los Presidentes de Ceuta y Melilla solicitaron una reunión urgente con una representación del más alto nivel  del Gobierno de la Nación. Se celebró. El resultado no ha podido ser más decorazonador. Se puede resumir en una frase vertida por uno de los participantes en aquel cónclave: “Marruecos no quiere saber nada de lo que ocurre en las fronteras de Ceuta y Melilla”. Esto, que ya se intuía por la tozudez de los hechos, ha quedado de algún modo oficializado como una condena sin posibilidad de apelación alguna. La fluida permeabilidad de la frontera entre Ceuta y Marruecos es un factor determinante que condiciona el funcionamiento de nuestra Ciudad en todos los órdenes de la vida social. Lo que sucede en aquel reducido espacio, devenido en un singular “ojo del huracán”, se proyecta y agigante sobre el conjunto de la Ciudad. Esta no es una situación sobrevenida, sino la consecuencia de un proceso que se ha ido desarrollando de manera espontánea y anárquica al dictado de las pautas de la actividad económica; y  al margen de la planificación y el control de las administraciones competentes. Lo que empezó siendo una “importación” limitada de mano de obra, se ha convertido en una absoluta desconfiguración del mercado laboral en el que el empleo clandestino campa a sus anchas con el beneplácito generalizado. El “comercio atípico”, que constituía...

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Anatomía de una manifestación

Hace muy pocas fechas, una manifestación integrada por más de un millar de personas, recorría las calles más céntricas de la Ciudad, exigiendo seguridad. El éxito de la movilización (medido en términos cuantitativos) es innegable. Esta es la segunda iniciativa de una plataforma indefinida y voluble surgida de las redes sociales. La primera (hace ya cuatro meses) también se saldó con una muy alta participación. Este seguimiento masivo continuado pone de manifiesto que no estamos ante una reacción espontánea de un sector de la ciudadanía espoleado por determinados hechos de fuerte impacto mediático, sino que asistimos a un fenómeno social de cierto calado que es preciso analizar y abordar. Aportamos algunas notas. Uno. La convocatoria está cargada de una premeditada y consustancial ambigüedad. Por un lado se difunde públicamente un mensaje perfectamente asumible e indiscutiblemente atractivo (“queremos que nuestros hijos puedan pasear con tranquilidad”) capaz de sumar a  personas bienintencionadas que, sin más reflexión, se sienten ciertamente amenazadas y demandan más seguridad (algo siempre deseable); pero lo que subyace en el fondo, y rezuma a borbotones por todos los poros de manera inevitable, persigue otro objetivo repugnante desde su misma raíz. Los promotores y seguidores de este movimiento se han erigido en una especie de tribunal popular, inspirado en los anacrónicos “linchamientos”, y han juzgado y condenado a los culpables de la inseguridad que son los inmigrantes en general ...

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Traidores

En la última sesión plenaria, el Presidente de la Ciudad se negó a responder a una interpelación de Caballas argumentando para ello que se sentía (el, su partido y sus votantes) insultado y ofendido  por la expresión “traidores a Ceuta” que le dirigió la formación interpelante. La vehemente indignación que exhibió durante su áspera alocución (plagada de lugares comunes de escasa credibilidad), produjo el efecto contrario, convirtiéndose en una prueba irrefutable de la veracidad de la imputación. Ellos lo saben perfectamente. El nerviosismo presidencial reside en la conciencia de que esta cuestión es la clave de bóveda de su hegemonía política en la Ciudad. Si la verdad emerge, se hunden. El abrumador dominio electoral  del PP (que se extiende ya a dos décadas) está sustentado en la idea de que “es el partido que defiende la españolidad de Ceuta” Es una gran mentira que han logrado inculcar en el cuerpo social como un “macizo ideológico” muy difícil de combatir. El origen de este constructo se encuentra en la lucha por la Transitoria Quinta. Los ceutíes (con razón) identificaron la reivindicación del rango de Comunidad Autónoma con la defensa de la españolidad de Ceuta. Su firme compromiso con esta causa (posteriormente traicionado) robusteció la percepción de que el PP, efectivamente, era el mejor valedor de la españolidad de Ceuta. Este pensamiento se convirtió en axioma tras el episodio del “Islote...

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Un paso inquietante

Estamos en un momento especialmente crítico. Desde hace ya mucho tiempo (acaso demasiado), Ceuta está sumida en un proceso de imparable decadencia. En todos los órdenes de la vida social se registran retrocesos de diversa intensidad. Lenta, pero inexorablemente, todo se va desconfigurando. La ciudad se nos escapa de entre los dedos como un deseo inasible. Lo que ocurre es que esta descomposición se fraguaba en sustratos invisibles, o sólo relativamente visibles, y sin embargo, diversos hechos coincidentes han provocado una irrupción de sentimientos y frustraciones ocultas que muestran de manera descarnada una realidad sobrecogedora. La “inseguridad” se ha instituido como  el corolario del diagnóstico popular sobre la Ceuta actual. El paro, la pobreza o el fracaso escolar, lacras lacerantes que nos azotan con furia pertinaz desde hace décadas, se han convertido en problemas menores y tolerables con los que es posible convivir. Ahora toda la capacidad de preocupación e indignación de la sociedad está absorbida por la inseguridad. La “amenazante invasión” de inmigrantes, el esperpéntico infierno del Tarajal, y el terror psicológico instalado en la conciencia colectiva por la “paranoia de los mena”; están  generado una atmósfera irrespirable. Un escalofriante “aquí no se puede vivir”, recorre todo el sistema nervioso decantando actitudes y reacciones extremas, ya sean escapistas (“huyendo” de la Ciudad física o psicológicamente),  o violentas (físicas o psicológicas). Hemos entrado en una dinámica de consecuencias funestas,...

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Colapso moral

Me invade una densa bruma de consternación. Me interrogo en momentos de desolación sobre el destino que ha elegido este pueblo al que tanto he amado, y por el que tanto he luchado (con más o menos acierto). No puedo dejar de pensar que hemos optado finalmente por el suicidio. Y entonces hago mío el pensamiento del ecologista Dennis Meadows (“No tiene sentido argumentar a un suicida una vez que ha saltado por la ventana”). El pueblo de Ceuta está al borde de un colapso moral sólo equiparable al que sufrió el pueblo alemán devenido en cómplice del holocausto nazi. El fenómeno social que se está generando (a una velocidad endiablada) en torno a los menores extranjeros no acompañados que viven en Ceuta, se está convirtiendo en una muy seria amenaza para nuestra integridad moral. Se diría que hemos decidido (acaso involuntariamente) concentrar sobre este colectivo, vulnerable en grado superlativo, todos nuestros miedos, frustraciones, fobias y desesperanzas ancestralmente enquistadas en una alma que ha ido difuminado inconscientemente su propio contorno ético. Auspiciada por una perversa combinación de factores (entre ellos la venenosa irresponsabilidad de algunas entidades, medios e instituciones públicas) hemos logrado insertar en el imaginario colectivo la representación mental del “adolescente ceutí agredido por un monstruo llamado “mena”. Cada cual pone a esa víctima indefensa el rostro de su hijo o hija, nieto o nieta, amiga o amigo;...

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El quebradero del Tarajal

El tráfico de mercancías por el paso fronterizo del Tarajal se ha convertido en un inextricable jeroglífico sin solución aparente. La descripción de cuanto allí acontece es innecesaria. Inenarrable. Las autoridades (in)competentes se muestran perplejas e impotentes, a partes iguales, sumidas en una profunda depresión y sin saber muy bien qué hacer ante una realidad que consideran inabordable. El cierre provisional de Tarajal II (abierto hace una semana), para estudiar una mejor ordenación de las actividades, evidencia una espantosa falta de planificación que deja en muy mal lugar a la Delegación del Gobierno como principal responsable. La respuesta oficial sobre el caos infernal que allí se ha vivido es la imposibilidad “material” de hacer frente una avalancha de porteadores imprevista (por el “efecto llamada”)en las condiciones materiales en las que los polígonos se encuentran. Pasan de este modo de ser culpables a ser víctimas. “Nadie puede hacer nada más de lo que se hace”. “No tenemos la culpa de la pobreza de Marruecos y del incesante aumento de residentes en el norte en busca de “el dorado” que supone el contrabando con Ceuta”. Estos argumentos, patéticos por simples, alivian su conciencia y los atornillan en el cargo. Sin embargo, y como suele ser frecuente, las cosas no son así. No estamos ante una situación sobrevenida, sino ante el desenlace lógico de un proceso que sucedía ante nuestra mirada desde...

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Fuera de la realidad

Ceuta se está acostumbrando, peligrosamente, a vivir permanentemente  instalada en el error. Se ha difuminado casi por completo nuestra condición de sujeto político, y esto impide adoptar decisiones colectivas de cierta trascendencia. Los acontecimientos se van produciendo a nuestro alrededor sin que seamos capaces, no ya de reaccionar adecuadamente, sino ni siquiera de percibirlos e interpretarlos. Vivimos ensimismados, haciendo de la vida política una especie de fútil mercado de miserias, veleidades y banalidades, bochornosamente ajenos a un proceso de progresiva desconfiguración de nuestra Ciudad. Como si se tratara de una película de ciencia ficción, Ceuta se ha convertido en una realidad propia fuera de la realidad objetiva. Hemos logrado construir un pequeño universo, exótico y hermético, que se mueve con sus claves peculiares; pero que carece de horizontes y expectativas. Desde hace tiempo deambulamos de error en error, esperando con la paciencia del inconsciente el que, acaso, sea el definitivo. Nos situaremos en un punto de partida reciente. En el año dos mil diez, se hizo un esfuerzo en el ámbito político, para diagnosticar la situación de Ceuta y esbozar una especie de “hoja de ruta”. Fue en el seno de una Comisión Mixta Congreso-Senado. Respetando el legítimo derecho de cada cual a su matiz particular, se podría afirmar que el contenido de aquel acuerdo era unánime. Han transcurridos siete años desde entonces, y nada de lo que allí...

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Atrapados en el absurdo

La detención del Portavoz de Caballas (y dos Consejeras del PP), ordenada por la Jueza que investiga el caso de la adjudicación “fantasma” de la promoción de las 317 viviendas de Loma Colmenar, ha convulsionado a la opinión pública. Lógicamente. Como era fácilmente predecible en estas circunstancias, todo el que tenía alguna “cuenta que ajustar” con Caballas, sea cual fuere el motivo, ha encontrado un inesperado momento de felicidad. Una oportunidad inmejorable para descargar toda su frustración en forma de bilis putrefacta. También los partidos políticos que “compiten” con Caballas por un mismo segmento del electorado han recibido con agrado y satisfacción este hecho;  no en vano han visto en su mente la urna llena de las papeletas que en su día fueron de Caballa, y les ha invadido un regocijo incontenible. Lógico. Todos, cada cual disfrutando de su particular alegría sobrevenida, subidos en la gigantesca ola comunicativa (medios y redes), gesticulando ostensiblemente, se afanan en enterrar a Caballas (a las Consejeras del PP a penas se les presta atención, son dos piezas prescindibles que no afectan para nada al proyecto del PP). El manual no escrito de “buenas prácticas” en la época de de la recuperación ética de la actividad política señala, de manera taxativa, que imputación equivale a dimisión. Esta regla parece que cierra cualquier debate al respecto. Como en aquel juego infantil, todos los intervinientes se...

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La españolidad de los traidores

La españolidad de Ceuta es nuestra seña de identidad por excelencia. Es un sentimiento incrustado en lo más profundo del alma colectiva de este pueblo. Más allá de los diferentes matices o intensidades con los que cada cual lo pueda interpretar, asumir o exhibir; lo llevamos a flor de piel. Nos espolea. Nos convulsiona. Nos tensiona. Nos electriza.  Es una reacción consecuente que se ha forjado durante un largo proceso de asedio político promovido por la intención anexionista de Marruecos. En el que nos hemos encontrado demasiado solos. Es fruto de la rabia que produce que nos arrebaten la tierra que amamos. Aquella que imprime sentido a nuestra vida colectiva en su dimensión histórica. Sin embargo, este principio de primera magnitud (con la categoría de constituyente) se ha ido devaluando de manera progresiva en los últimos tiempos. Desde la claudicación histórica, rubricada con la aprobación del Estatuto de Ciudad Autónoma, que nos expulsó de la configuración territorial del estado que establece la Constitución en su artículo ciento treinta y siete, la españolidad de Ceuta pasó de ser un concepto político a convertirse en un concepto sentimental. Los partidos traidores a Ceuta (PP y PSOE) pactaron “por cuestiones de estado” mantener la españolidad de Ceuta (sólo) en los corazones de los ceutíes, pero sacarla de todos los foros políticos para negociarla “en el momento más conveniente para ambos países”. Nadie...

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