Autor: Juan Luis Aróstegui

La banalización de la corrupción

La corrupción (en todos sus grados y modalidades) ha sido un fenómeno consustancial con la vida pública de nuestro país y, lógicamente, de nuestra Ciudad. Durante décadas (siglos, si lo analizamos desde una perspectiva histórica) la sociedad española ha sido tolerante, “comprensiva” y complaciente con la corrupción. Consecuentemente, convalidada reiteradamente en las urnas de manera inmensamente mayoritaria. Este es un hecho incontrovertible. Sólo así se puede explicar que un PP (inundado de corrupción hasta la nausea) haya ganado las elecciones generales; o que en Ceuta, aún sabiendo todo el mundo que el PP “enchufaba” en el Ayuntamiento a su antojo, obtuviera impresionantes mayorías absolutas una tras otra. La corrupción nunca fue sancionada socialmente, en todo caso, envidiada. Durante todo este tiempo… ¿Dónde estaba la justicia? Ciega (no en el sentido de imparcial, sino de ausente) Todos los políticos, sin excepción de militancia, gozaban de una incomprensible impunidad. En la España de “Eldorado” la corrupción era un mal menor, que afectaba a “todos por igual”, y con el que debíamos aprender a convivir porque es intrínseca al ser humano. El proceso de profunda crisis que estamos viviendo desde el año dos mil diez, ha servido, entre otras cosas, para sensibilizar a la población sobre la auténtica dimensión que tiene la corrupción como factor de desintegración del sistema democrático. No es un problema de actitudes individuales, sino una “forma de concebir...

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Normalización

El desafío existencial al que se enfrenta Ceuta en este tiempo, es lograr “salir del exotismo”. Una serie de decisiones políticas (propias y ajenas) han terminado por recluirnos en un espacio de extravagancia desde el que se antoja imposible divisar el futuro. Podríamos poner infinidad de ejemplos que ayudan a explicar esta aseveración. Exportamos mil millones de euros al año (según las estimaciones más fiable); pero carecemos de una aduana comercial. Estamos rodeados de mar por todas partes, pero carecemos de aguas territoriales. No es necesario seguir. La lista de paradojas y contradicciones es tan extensa como incómoda y conocida. Todo esto se mantiene así porque no le importamos a nadie. Nos han convertido en una simpática reliquia que ya no merece la pena reparar. Estamos condenados a  esperar desde una ceguera inducida que alivie los efectos del duro tránsito hacia la nada. Los ceutíes no deberíamos aceptar silentes y humillados este ignominioso papel de cooperantes necesarios para la liquidación. Más bien al contrario, deberíamos militar activamente en el bando (rebelde) del compromiso con esta tierra y con el porvenir de su gente. Nuestra razón de ser como sujeto político, en la coyuntura actual, debe ser  impulsar un proceso de “normalización”  en todas las dimensiones que definen una comunidad política. Para ello es necesario, en primer lugar,  distinguir entre fenómenos exógenos y endógenos. Es obligado hacerlo porque la forma...

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A modo de catarsis

Las inmediaciones del palacio municipal se convertían, una vez más, en escenario de una protesta social. Desde las nueve de la mañana de un lunes, se fue congregando lo que llegó a ser una gran multitud dispuesta a expresar con fuerza un nuevo  ¡basta ya! Sin embargo, en esta ocasión, se trataba de un hecho insólito. Quienes lideraban  la revuelta (haciéndola coincidir con la presencia del ministro de justicia en nuestra Ciudad) no eran los contestatarios “convocantes habituales”, sino la élite económica local. Allí estaba, micrófono en mano y gritando desde una improvisada tarima, la representación más genuina de la clase empresarial. La movilización, apoyada y secundada (con la presencia de sus dirigentes) por los sindicatos más representativos y  por los partidos de la oposición, resulto un triunfo indiscutible. Es cierto que muchos de los asistentes eran trabajadores alentados por sus propios patronos a participar en la manifestación en horario laboral (lo que ayuda bastante); pero aún así, reunir cerca de mil personas en Ceuta con ánimo reivindicativo sólo se puede calificar como éxito. El motivo que logró cohesionar a tan variopinto colectivo era la indignación que está provocando el caos que diariamente se produce en la frontera del Tarajal y que, no sólo genera unos niveles de crispación insoportables, sino que está provocando una avería muy seria en el ya de por sí depauperado sistema económico (siendo ésta...

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El debate del PGOU

La Confederación de Empresarios ha iniciado una ofensiva para lograr que se apruebe cuanto antes el PGOU. El argumento que sustenta tal iniciativa es la “parálisis” que sufre la Ciudad en el ámbito inmobiliario, que arrastra al conjunto de la economía, empobreciéndola y perjudicando aun más (si cabe) el empleo. La coincidencia en su diagnóstico con el Colegio de Arquitectos (entidad experta en la materia y muy bien documentada), y el contacto mantenido con los paridos de la oposición, han abierto un tímido debate que es, en sí mismo, interesante. Una cuestión previa. El PGOU, por lo que representa, puede ser todo o nada. Un documento de esta naturaleza, gestado desde un consenso social sobre el modelo de Ciudad de futuro, basado en compromisos ciertos de inversión y en objetivos comunes de desarrollo urbanístico y socioeconómico, es una sólida plataforma sobre la que impulsar el futuro. Pero un Plan General secuestrado por “los técnicos” (casi nunca ingenuos ni neutrales) que bajo una maraña de indescifrables conceptos y planos, que lo hacen todo incomprensible, se convierte en un manual para promotores y arquitectos que resuelve problemas puntuales (con más o menos acierto, con más o menos favores, con más o menos “pelotazos”), pero que carece de la indispensable dimensión social que le da sentido. Y este es el primer problema, gran problema, que tiene el PGOU aprobado inicialmente por el...

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Un ejército de termitas

La observación detenida del devenir de nuestra vida pública provoca un sentimiento de consternación del que resulta imposible sustraerse. Hemos ido perdiendo compañeros, paisajes y esperanzas (como diría Labordeta) en una sutil decadencia que nos ha situado en el límite inferior de la supervivencia. Quizá nunca fuimos realmente conscientes de lo que estábamos perdiendo en cada paso que dábamos hacia ninguna parte. Siempre anhelando un esotérico reajuste milagroso que nos devolviera la calma. Siempre “Esperando a Godot” (magistral obra dramática de Samuel Beckett). Hemos ido descuidando todos y  cada uno de los aspectos de nuestra vida en común. Nada parecía tener suficiente importancia como para protegerlo  con afán colectivo. Nos hemos dejado dominar por la codicia y la envidia hasta convertirlas en las señas de identidad por excelencia de un cuerpo social intoxicado asentado en un estado de inanición ética difícilmente reversible. El intento de descifrar las claves de este amargo contexto social, nos lleva a una pregunta instintiva: ¿Esto sólo sucede en Ceuta?, o ¿es un fenómeno generalizado? Pienso que las dos cosas. Es cierto que el avasallador triunfo (esperemos que momentáneo) de la ideología llamada eufemísticamente neoliberal, ha pervertido sensiblemente la escala de valores sociales reputando la avaricia material como la auténtica razón de ser de la humanidad. Lo que ocurre es que en Ceuta, probablemente por el modo en el que se ha ido configurando su...

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Preguntas sin respuesta

La perplejidad se ha adueñado de la opinión en nuestra Ciudad. Ya casi nadie encuentra una explicación, no ya convincente, sino medianamente lógica a cuanto sucede en esta caótica vida pública en la que nos vemos condenados a desenvolvernos. En todos los foros, sean de la naturaleza que sea, las conversaciones terminan con la misma, e incontestable, pregunta: ¿qué está pasando? Y nadie es capaz de dar una respuesta. Sólo endebles conjeturas dispersas difíciles de ordenar. La mayoría de los diagnósticos suelen coincidir en que el Presidente Vivas ha perdido por completo el control de la situación. Ha perdido motivación. No cree en nada ni en nadie; y se deja llevar por su propio escepticismo a la sombre de la superioridad moral que se atribuye a sí mismo  desde la perspectiva que la da la vida y su trayectoria política. Pero este análisis llevaría a una conclusión inquietante. Si fuera así, ¿cómo es posible que haya sido reelegido con el noventa y cinco por ciento de los votos como líder del PP hace tan sólo dos meses? ¿Estamos abocados a ser dirigidos por un descreído sostenido por una pléyade de medradores irresponsables? La sabiduría popular, siempre tendente a la simplificación en frases burdamente coloquiales. Lo resume diciendo:  “A perro flaco, todo se vuelven pulgas”, o “Nadie puede escapar a la Ley de Murphy” Lo cierto es que es imposible...

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Amín Maalouf

Por casualidad, buscando material de lectura en una librería especializada, descubrí un pequeño volumen titulado “El desajuste del mundo”. Me llamó la atención. Su autor era Amín Maalouf. Un desconocido para mí. En la solapa se podía leer: “En este libro intenta indagar los motivos de los graves desajustes que sufre el mundo en el siglo veintiuno. El desajuste del mundo, piensa Maalouf, tiene más que ver con el agotamiento de nuestros modelos sociales que con el supuesto choque de civilizaciones. El modelo occidental  traiciona sus propios valores; el del mundo árabe ha quedado bloqueado en su evolución histórica. Esperanzado y conciliador, Maalouf propone una visión adulta e inteligente de nuestras diferencias y valores que favorezca el equilibrio y la paz”. Me pareció muy interesante. Su lectura me resultó apasionante. Reproduciré aquí algunos párrafos a modo de muestra. “Lo que pienso en realidad es que esas venerables civilizaciones han llegado al límite; que no le aportan ya al mundo sino sus crispaciones destructivas; que están éticamente en quiebra. O somos capaces de construir en este siglo una civilización común con la que todos podamos identificarnos, con la soldadura de los mismos valores universales, o naufragaremos juntos en una barbarie común”. “Lo que reprocho en la actualidad al mundo árabe es la indigencia de su conciencia ética; lo que reprocho a Occidente es esa propensión que tiene a convertir su...

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No damos más de sí

El PP es la pieza clave de la vida política de Ceuta. No en vano gestiona todas las instituciones, controla todos los resortes de poder y tutela todos los vectores de influencia. Son muy pocos los que escapan a tan abrumador dominio. Esta situación no es fruto del azar, sino la consecuencia de una obstinada voluntad popular (han ganado las últimas cuatro elecciones municipales por mayoría absoluta, y ganan las elecciones generales con holgura desde hace más de veinte años), desde la que han ido tramado un auténtico régimen, ante la deserción efectiva (nunca alcanzó la masa crítica suficiente) de un contrapeso ideológico siempre débil, dividido, desorientado y carente de ambición. Los motivos que nos han conducido hasta aquí, están más que expuestos y debatidos. Pero lo cierto es que, hoy, no es posible hacer un análisis político de lo que sucede en Ceuta que no esté condicionado por la posición del PP. Y esto es lo preocupante. El PP ha entrado en una dinámica autodestructiva que amenaza con el descarrilamiento de la propia Ciudad. La vida pública se ha emponzoñado hasta extremos alarmantes. La extensa fauna de alimañas que cohabita en nuestra malhadada Ciudad ha percibido una especie de “apertura de la veda” que los estimula para saldar todas sus cuentas pendientes, o buscar el mejor acomodo posible en un nuevo escenario que se intuye próximo ante la...

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El 1 de Mayo, manifestación

La lucha de clases existe y la van ganado los ricos por goleada”. “Estamos asistiendo a la revolución de los poderosos”. “Vivimos en una dictadura financiera con fachada parlamentaria”. Estas frases, breves y concisas; pero nítidas y rotundas, explican la coyuntura política (lo de social y económica viene por añadidura) en la que nos encontramos. Es muy importante, aunque realmente difícil, sustraerse a la potentísima maquinaria de propaganda que controlan y manejan las élites para no sucumbir a la trampa dialéctica que nos han tendido. Un proceso de reconversión brutal de las estructuras económicas que sostenían el modelo de estado democrático (banalizando el valor del trabajo y reduciendo a los trabajadores a un mero factor de producción sometido a las crueles leyes del mercado), lo han presentado como una “crisis económica pasajera” de la que “ya nos estamos recuperando”. En esta perversa maniobra envolvente los partidos del régimen (popularmente conocidos como “partidos de la casta”) desempeñan un papel  fundamental. Son los encargados de dotar de legitimidad democrática a los ataques y atropellos del capital. La realidad es que la única forma de mantener afinada la gigantesca maquinaria de obtener beneficios (cada vez más obscenos e incompatibles con los principios éticos más elementales) era pulverizando todos los derechos sociales y reduciendo el precio del trabajo (los salarios). Explotación en su sentido más genuino. El respeto a las “condiciones adquiridas” es...

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El Ojo del Huracán

Asombrados, espantados e impotentes, los Presidentes de Ceuta y Melilla solicitaron una reunión urgente con una representación del más alto nivel  del Gobierno de la Nación. Se celebró. El resultado no ha podido ser más decorazonador. Se puede resumir en una frase vertida por uno de los participantes en aquel cónclave: “Marruecos no quiere saber nada de lo que ocurre en las fronteras de Ceuta y Melilla”. Esto, que ya se intuía por la tozudez de los hechos, ha quedado de algún modo oficializado como una condena sin posibilidad de apelación alguna. La fluida permeabilidad de la frontera entre Ceuta y Marruecos es un factor determinante que condiciona el funcionamiento de nuestra Ciudad en todos los órdenes de la vida social. Lo que sucede en aquel reducido espacio, devenido en un singular “ojo del huracán”, se proyecta y agigante sobre el conjunto de la Ciudad. Esta no es una situación sobrevenida, sino la consecuencia de un proceso que se ha ido desarrollando de manera espontánea y anárquica al dictado de las pautas de la actividad económica; y  al margen de la planificación y el control de las administraciones competentes. Lo que empezó siendo una “importación” limitada de mano de obra, se ha convertido en una absoluta desconfiguración del mercado laboral en el que el empleo clandestino campa a sus anchas con el beneplácito generalizado. El “comercio atípico”, que constituía...

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