Sí, una más y las que quedan. Porque no hablar de lo que pasa en la frontera sería faltar al respeto a toda una ciudadanía que de una manera u otra se está viendo afectada por el desastre total que se produce a diario. Sí, oficialmente nos mienten y nos venden que nada ha pasado, nos cuentan que ya no hay avalanchas y nos dicen que la situación se está controlando. Pero claro, para hablar de lo que allí sucede hay que acudir al lugar, desenmascarando así a los mentirosos de despacho oficial que buscan intoxicar a los que se dejan.

Porque sí, porque la situación es tan crítica que asusta. Porque las avalanchas que según el delegado del Gobierno ya no se producen sí que existen. Porque los protocolos firmados en los despachos son un fracaso a pie de campo. Porque una ciudad como Ceuta cuya vinculación con Marruecos y con el turismo es casi de supervivencia no se puede permitir estar atascada todos los días e ir sufriendo una situación que, conforme pasa el tiempo, va a peor.

Todos somos víctimas de lo que está pasando. Los que viven o trabajan cerca de la frontera son los principales. Pero también los que dependen laboralmente de la prestación de servicios públicos que no pueden llevar a cabo por el bloqueo generado. Esas imágenes de Ceuta convertida en ratonera nos están haciendo mucho daño ahora, pero más nos harán en tiempos posteriores. Ya nos hemos metido en una senda de la que es difícil salir cuando no se tiene la capacidad de gestionar todo esto.

Las situaciones extremas y dramáticas están siendo permitidas por la falta de medidas contundentes, que sean eficaces y que se adapten a la realidad. Fíjense lo ocurrido ayer. Los trabajadores de seguridad contratados por la Ciudad tuvieron que contener las avalanchas y recoger a las mujeres que se caían al suelo mientras la UIP permanecía desde fuera contemplando la situación porque se le veta la actuación hasta que se reciba la orden de actuar. ¿Es esto lógico?, ¿quienes firman esos protocolos saben de la realidad que se produce a pie de campo?, ¿qué hubiera pasado si uno de esos vigilantes termina siendo arrollado? Son extremos que se producen a diario, que se permiten, sin que se decida poner remedio porque las gestiones actuales son claramente insuficientes y deficientes.

No sé lo que pasará mañana. Sé que hoy la realidad es un infierno y sé que no se está haciendo lo suficiente a niveles prácticos para poner solución a todo este descontrol.