Decía hace unos meses David Roberts, experto en innovación y en tecnología disruptiva, y miembro de Singularity University, la universidad de Silicon Valley creada en 2009 con el apoyo de la NASA, que “la mayoría de universidades del mundo van a desaparecer”. Lo hacía en una entrevista concedida para El País en Oslo el 25 de octubre de 2016. Y lo hacía con una enorme sonrisa.

Yo siempre leo con atención este tipo de entrevistas y artículos. En este caso, el experto nos decía que solo sobrevivirían aquellas universidades que tuviesen una gran marca detrás. Ellos, Singularity University, han roto con el modelo de certificación, nos dicen. No expiden títulos ni tienen créditos. Sólo quieren formar líderes capaces de innovar y atreverse a romper las normas para alcanzar el ambicioso reto que se ha marcado la universidad desde su creación. Su reto es resolver los 12 grandes desafíos del planeta utilizando la tecnología: alimentar a toda la población, garantizar el acceso al agua potable, educación para todos, energía sostenible o cuidar el Medio Ambiente. Lo que explica Roberts es que los programas académicos cerrados y la acreditación ya no tienen sentido porque en los cinco años que suelen durar los grados los conocimientos se quedan obsoletos. Lo que plantea es enseñar “herramientas que ayuden a las personas a tener una vida gratificante, agradable y que les llene”. También sustituir la idea de educación por la de aprendizaje y permitir que la gente aprenda en tiempo real, según sus necesidades. Y sobre todo, cree que el mundo seguirá girando alrededor del dinero, “que es la energía para poder hacer cosas o cambiarlas”. Los nuevos inventos te inspirarán a trabajar para poder comprar.

Lo anterior viene a cuento de un interesante debate que se ha tenido en el último Consejo de Gobierno de la Universidad de Granada, cuando se presentaba para su aprobación el Centro de Producción de Recursos para la Universidad Digital de la Universidad de Granada (CEPRUD). Era el proyecto estrella del Delegado de la Rectora para la Universidad Digital.

Lo que nos explicaba el delegado de la rectora en su documento era que en las últimas décadas se ha asistido a un cambio en el modelo de universidad en relación con el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), pues la universalización de estas TIC estaba propiciando nuevas fórmulas de generar, gestionar y transmitir el conocimiento y el saber. Es lo que se llama Universidad Digital, que agrupa numerosos servicios digitales para el apoyo al aprendizaje y la investigación. En este sentido, un objetivo prioritario del actual equipo de gobierno de la Universidad de Granada es la incorporación y uso habitual de las TIC para la mejora de la eficiencia y la eficacia de todos los procesos  de gestión, administración, aprendizaje, investigación y actividades de internacionalización.

Lo anterior está en consonancia con la denominada Carta de Río 2014, elaborada durante el III Encuentro Internacional de Rectores Universia; con la Estrategia Universidad 2015 del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; y con los informes UNIVERSITIC de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas. Para ello plantean un centro con tres áreas diferenciadas. Una dedicada a la Formación On-line. Otra para el Diseño y Producción Multimedia. Y una tercera Web, de Datos Abiertos y de Apoyo a la Transparencia.

Lo que manifestó durante su intervención el profesor de nuestro campus en Ceuta, Fernando Trujillo, experto en este tipo de formación, fue: “No hay futuro para una Universidad que no se tome en serio el concepto de Universidad Digital y parece obvio que la “producción de recursos” es un asunto relevante en esta materia. La UGR tiene una amplia experiencia en e-learning pero nunca es suficiente: desde el desarrollo de grados y posgrados virtuales y la creación de MOOCs y su reconocimiento por la UGR así como la prospección permanente acerca de posibles vías de desarrollo de la universidad a través de las TIC exigen de nosotros no solo concienciación sino una política clara, un esfuerzo presupuestario adecuado y una gran imaginación”.

Personalmente no tengo objeciones que hacer a estos planteamientos teóricos. Pero sí me preocupan varias cuestiones. Una, referida a la forma de creación del nuevo centro, que ya la plantearon los compañeros del servicio de informática de la Universidad de Granada, en el sentido de que sería deseable que se utilizaran todos los recursos de personal que tiene nuestra universidad, e incluso que se ampliaran, respetando las normas de acceso a la función pública de publicidad, mérito y capacidad. Esa moda de algunas administraciones públicas de externalizar servicios para abaratar costes, termina por causar más problemas que beneficios, pues el supuesto abaratamiento se hace a costa de los derechos de los trabajadores.

La siguiente es una cuestión más profunda. No sé hasta qué punto va a incrementarse la calidad de la enseñanza y la investigación por el sólo hecho de poner a nuestra disposición más medios técnicos. Sobre este asunto, Steve Jobs, creador de Apple, una de las empresas más rentables del mundo, nos decía que él prefería el “cara a cara”, pues pensaba que la creatividad surge de las discusiones espontáneas, de las discusiones imprevistas. De hecho prohibió las presentaciones con diapositivas a sus directivos.

Y por último, se trata de una cuestión filosófica. Como dice David Roberts, las universidades han de formar personas capaces de innovar y atreverse a romper las normas. Pero no por culto al dinero, o al consumismo compulsivo, sino por el puro placer filosófico de aprender. Es ahí donde discrepo radicalmente de estos modernos “agoreros” y “predicadores” de un mundo supuestamente feliz, dominado por las grandes empresas de Silicon Valley.