Decía el otro día el presidente del Tribunal de Cuentas que en este país de nuestra entretelas se había abusado mucho de las encomiendas de gestión. Yo recuerdo dos que hizo el Gobierno de Vivas a una de las sociedades municipales, donde conminaron a la finalización de las obras de la antigua estación de ferrocarril y las ARIS de Santiago Apóstol y Los Rosales. Lo que sucede es que a ustedes les suena, ahora mismo, tanto las ARIS de estas dos barriadas como las obras de la antigua estación de ferrocarril. Estamos hablando de febrero de 2017, pero la encomienda de gestión fue por allá del comienzo de la presente década, en el año 2010. El gafe, que así deberemos de llamar a partir de ahora a quien embarcó a este Gobierno en la peor de sus crisis, no solamente no logró encauzar ninguna de las encomiendas de gestión que encargaron a su sociedad, sino que además lo lió todo de tal manera que, la estación de ferrocarril ha estado parada casi cinco años y todavía algunos no ven la renovación. Y en el caso de las ARIS hasta se estuvo a punto de perder la subvención que concedió el Ministerio de Fomento. ¿Cuántas peticiones se debieron realizar ante el departamento ministerial para que la horca caudina de la devolución del dinero no se aplicara en el caso de Ceuta? Por ello, confío en que las encomiendas de gestión que se le hagan a Tragsa tengan otro final distinto a las encomiendas que le hicieron a la empresa del gafe. Por supuesto, los problemas no son las propias encomiendas, por mucho que se haya abusado de esta figura tal y como señala el presidente del Tribunal de Cuentas, sino quien ejecuta las encomiendas y es un verdadero inútil, menos para remar para sus intereses.

En el fondo y volviendo a la obra de la antigua estación de ferrocarril, lo que, de verdad, preocupa en estos instantes es que Dragados ha salido por peteneras y necesita un proyecto complementario de dos millones de euros para finalizar las obras. Al final, nada de nada y los vecinos padeciendo.