No hay mejor palabra para definir lo que está pasando con la Estación del Ferrocarril. Sí, escándalo. La eterna obra prometida que nunca termina de realizarse. Ahora nos cuentan que Dragados ha pedido un complementario de dos millones. Ya he perdido la cuenta de cuánto se le ha pagado y cuánto ha reclamado. Lo único que tengo claro es que este inmueble está abandonado, que se va deteriorando año tras año y que llegará un momento en el que nada podremos hacer para restaurarlo y conservarlo adecuadamente. Marruecos lo hizo con la suya, nosotros que somos (eso dicen) tan avanzados, permitimos que nuestra historia reflejada en edificios mueran poco a poco.

La Ciudad debería comparecer de inmediato. Porque es realmente grave que nos venga un partido de la oposición, en este caso Caballas, a contarnos lo que está pasando y el Gobierno ni siquiera reaccione. En cambio nos informa a las nueve de la noche vía redes sociales que han colocado una barandilla en Los Rosales. ¡Oiga!, ¿tenemos cara de tontos? Una cosa es que consintamos el atropello de nuestros mandamases por la sencilla razón de que son tantos los problemas que tenemos que ni siquiera disponemos de la fuerza suficiente para reaccionar. Pero que una institución como la Ciudad considere que es más importante contarnos que han colocado una barandilla (vergüenza da solo ‘vender’ esto) antes de explicarnos qué carajo está pasando con la Estación del Ferrocarril, cuánto es lo que se debe, cuándo se va a iniciar la obra, cuándo tendremos el proyecto de biblioteca que se nos prometió.. resulta llamativo e indigna. Porque ahora lo único que tenemos es un edificio que se va cayendo poco a poco, que termina siendo ocupado por inmigrantes, que se transforma en asentamiento que se va degenerando y sobre el que asoman peticiones de dinero, dinero y más dinero. No es de recibo que los vecinos de la barriada tengan que soportar esta situación, como tampoco lo es que la ciudadanía en general tenga que soportar cómo uno de nuestros bienes patrimoniales (otro más) se va pudriendo hasta que permanezca solo en el olvido.

La obra comprometida debe terminarse sí o sí. Eso es lo que tiene que exigir el Gobierno, al igual que dar la cara para que todos sepamos por qué ahora Dragados hace estas reclamaciones y por qué no se ha actuado ya en el lugar cuando se difundió que se iba a hacer, cuando se habló de plazos, cuando se dijo que por fin íbamos a terminar con la vergüenza consentida de este abandono.