Contestaba sólo hace unos días a una noticia del Faro*, en la que citaba  la lluvia de piedras caída desde los altos del Príncipe contra  los bomberos, que habían acudido  a apagar un fuego  en una zona de vertederos de chatarras  que, previamente, habían sido llamados al teléfono de emergencias del  112.

Y, contestaba con el argumento de que no era un hecho puntual de una gamberrada ocasional,  realizada por unos muchachos aburridos y menesterosos, que gastaban su tiempo en “no hacer nada”, en arrojar piedras contra los bomberos para pasar un rato de diversión jugando al pin, pan, pun…

De ninguna de las maneras es un hecho puntual; sino algo más trascendente, tan trascendente que, a mi modo de ver, deja negro sobre blanco sobre uno de los  comportamientos  sociológicos  más característicos de nuestra ciudad, a saber: “La falta de educación cívica de parte de la población, que hace estallar y romper la posibilidad de cualquier acercamientos entre las diferentes comunidades”.

Las circunstancias de inadaptación, de drogas, de paro permanente, de frustración, de violencia, de falta de futuro para la población de origen magrebí que habita en El Príncipe, y que retrata la famosa serie televisiva de “Telecinco” con más o menos fortuna,  se ha hecho del todo insostenible. De tal modo que ¡BASTA YA!, decimos como un grito que desgarre todo el cielo y recorra toda Ceuta desde el Hacho al Tarajal y Benzú…

Hace falta, no para mañana, sino para hoy mismo un “Plan Urbano y Educacional para el Príncipe”. Hace falta incorporar esta barriada al resto del municipio, con las mismas prestaciones y los mismos deberes y derechos que la Constitución  de 1978 otorga a los ciudadanos españoles.

El Príncipe no puede ser  de ninguna de las maneras un barrio ajeno a los principios básico de convivencia vecinal  y  al margen de la ley ciudadana. No; rotundamente no a la marginación y al abandono que día tras día se ve sometida esta barriada y a sus ciudadanos. Pareciera que las Autoridades de la Ciudad Autónoma  vivieran en una burbuja auto-contemplativa donde la ausencia de medidas brillaran precisamente por carecer de ellas. No hay nada peor que empeñarse en no columbrar  lo que todos vemos al filo de las noticias que los medios periodísticos nos traen un día sí y otro también.  Pero, ¿acaso las Autoridades tanto locales como de la Delegación del Gobierno, no oyen, no miran, no les llegan el grito de desesperación y marginalidad de este arrabal musulmán fronterizo con Marruecos, famoso en toda la península por sus ratios de desigualdad, de conflictividad y últimamente, incluso, por captación de yihadistas?

El apedreamiento de los bomberos desde la atalaya del Príncipe, y el hecho de verse solos  sin la inmediata custodia de las fuerzas de seguridad y orden público de la ciudad, pone de manifiesto la nefasta política de abandono que en el pretérito  se ha tenido a bien  llevar  a esta zona de evidente desarraigo.   Estos actos vandálico llevados a efecto por muchachos que se divierten en la violencia de arrojar piedras contra los servidores públicos de bomberos y policías, les hace vulnerables a la delincuencia y son carne de cañón condenados para enrolarse  en las  mafias y el yihadismo que controlan las zonas fronterizas de España y Marruecos.

De tal manera, que si son preocupantes los actos  irresponsables de arrojar piedras contra aquellos que prestan un servicio público; no lo es menos el no allegarse de inmediato a la génesis de estas circunstancias que habitan en las mentes de estos jóvenes. Porque las carencias educativas no sólo afectan a los protagonistas de estos lamentables actos delictivos, sino también a sus progenitores que no han sabido inculcarles los adecuados valores  a los modos de convivencia que  cualquier sociedad que se respete debe de tener.

Los valores ciudadanos se transmiten a través de la familia, la escuela y la sociedad en donde vas creciendo en sus costumbres y en sus tradiciones. Y, es claro que en algunos de estos tres eslabones donde aprendes tu identidad y vas construyendo tu personalidad, lamentablemente  ha fallado estrepitosamente;  para acto seguido, acarrear una evidente frustración  que les lleva a una práctica violenta que les pone al pie de los peores augurios para convertirse en futuros delincuentes…

Existe suficiente bibliografía y experiencia, para saber de qué estamos hablando y poner los suficiente medios para poder corregir estas conductas violentas que a nada  llevan; sino al contrario, llevan al desarraigo, a la pérdida de valores, a la delincuencia, y a las conductas irrecuperables que no tienen retornos…

Nada de lo que ocurre en el Príncipe es ajeno al conocimiento de las Autoridades,  que tienen entre sus  responsabilidades, la de restablecer la convivencia entre los ciudadanos  y la de favorecer mediante “planes” adecuados a la problemática citada, la de integrar en la sociedad aquellas  conductas que no se atienen y no se ajustan al estado de derecho al cual pertenecemos.

Ceuta es una sociedad “multicultural” donde cada día se aprestan a convivir diferentes culturas el negocio deslumbrante de la vida; por tanto, cada barrio, cada zona diferente de la ciudad debe de estar integrado, sin que haya ningún arrabal que se quede marginado del resto de la capital. La marginalidad y la frustración que se genera  en el Príncipe, crea  tal violencia,  que si no se combate con prontitud y la máxima celeridad, puede trasladarse al resto de la urbe, y  acabar con la convivencia tan necesaria para que una ciudad prospere y tenga  un futuro inmediato a medio y largo plazo, que conlleve esperanza e ilusión a la población que vive en ella.

Finalmente, a modo de resumen diría: “Qué si los ceutíes -musulmanes- que habitan en el Príncipe, y las Autoridades de la Ciudad Autónoma, no se aprestan a solucionar la problemática de la violencia con una política de educación cívica, y ayudada con medidas para  la generación de empleo  entre los jóvenes;  no sólo el Príncipe no  tendrá futuro, sino que el alcance de esta imposibilidad llegará a toda la ciudad, haciendo de Ceuta, inexorablemente, una ciudad fallida…”

(*) Noticia reportada por “EL FARO”:

Tras sufrir una emboscada dos dotaciones de Bomberos en la jornada del jueves en un vertedero de chatarra que se encuentra por encima de Arcos Quebrados, veinticuatro horas después los mismos agresores han intentado que los agentes del SEIS volvieran a caer en la misma trampa, ya que no les queda otro remedio porque es su obligación apagar las llamas.

Alrededor de las siete de la tarde se recibió una llamada en el 112 dando un aviso de fuego en la propia chatarrería. Entonces, desde el Servicio de Extinción de Incendios se telefoneó al Cuerpo Nacional de Policía, para que tal y como establece el protocolo les acompañara un vehículo zeta. Desde la Nacional se les explicó que era imposible en ese momento, pero que fuera primero y que si observaban algo extraño les llamaran y acudirían.

Siguiendo esas instrucciones, la dotación del SEIS se dirigió hasta la zona de Arcos Quebrados y desde la distancia observaron dos cosas: la primera de ellas, que el fuego no tenía ninguna importancia y que no corría nadie peligro y la segunda, que desde la parte alta de la barriada Príncipe Alfonso había apostadas varias personas dispuestas a apedrearles en cuanto se acercaran hasta las llamas.

Por tanto, telefonearon a la Policía Nacional y tras explicarles lo sucedido enviaron a un vehículo patrulla. Tanto bomberos como policías llegaron a la conclusión de que era mejor no acercarse, debido a que las piedras iban a comenzar a caer en cuanto dieran un paso en falso. Además, las llamas tenían muy poca consistencia. Sin embargo, desde la distancia les conminaban a que se acercaran: “¡Venid aquí, cabrones!”. Como es lógico, ni caso. Se retiraron tanto los bomberos como los miembros del Cuerpo Nacional de Policía.

Durante toda esta semana, los bomberos han sufrido apedreamientos en este vertedero de chatarra en la zona alta de Arcos Quebrados. El SEIS ya ha elevado varios informes solicitando que se retiren todos los residuos que están acumulados, sin que hasta el momento hayan atendido su petición. En el caso del jueves, desde el SEIS se pidió también protección policial, pero no se les pudo enviar debido al dispositivo que estaba montado con motivo de las dos cabalgatas.