Cincuenta agentes de policía marroquí quedaron heridos, diez de ellos graves, en la operación en que abortaron el intento masivo de un millar de subsaharianos que trataron de entrar hoy en Ceuta asaltando al valla fronteriza.

El ministerio marroquí del Interior indicó hoy en un comunicado que los subsaharianos, que cifró en 800, fueron detenidos en su totalidad tras el asalto abortado, aunque fuentes españolas dijeron que dos de ellos sí lograron su objetivo.

También advierte de que estas tentativas de asalto a los vallados de Ceuta y Melilla van a ser castigados con más rigor en adelante, pues “ponen a sus autores al margen de la ley”.

“En adelante, los autores de estas tentativas serán presentados a la jurisdicción competente, que decidirá dependiendo de los casos su expulsión del territorio nacional o penas más duras según la gravedad de sus actos”, señala el ministerio.

El ministerio justifica estas amenazas porque Marruecos acaba de abrir una segunda fase de regularización de emigrantes “para permitirles tener los mismos derechos que los marroquíes”.

Actualmente, el “modus operandi” de la policía marroquí con los emigrantes arrestados en las fronteras de Ceuta y Melilla consiste en alejarlos de esas dos regiones mediante viajes en autobús que terminan en cualquier gran ciudad de Marruecos.

Allí esos inmigrantes irregulares son puestos en libertad sin ningún tipo de procedimiento ni de garantía judicial, por lo que los casos de reincidencia son muy frecuentes.

En una primera fase emprendida en 2014, Marruecos regularizó la situación de unos 25.000 inmigrantes -en su mayoría sirios y subsaharianos-, pero fuera de ellos, son numerosos los que consideran a Marruecos solo como territorio de paso en su camino hacia Europa.