• La investigación sobre su “proliferación masiva” da un vuelco: los científicos discuten si procede del Caribe o de Japón por la maricultura

Desde el otoño de 2015, y sobre todo durante el verano de 2016, científicos dedicados al estudio del medio marino han observado una “proliferación masiva” de un alga que, de forma silenciosa, coloniza los fondos rocosos poco profundos a ambos lados del Estrecho de Gibraltar. Una investigación que fue el objeto de la presentación a cargo de la Fundación Museo del Mar de Ceuta y Septem Nostra-Ecologistas en Acción que tuvo lugar a finales de septiembre.

Un organismo del que la Ciudad recogió más de 5.000 toneladas en las orillas de la bahía norte y que, desde principios de octubre, se ha dejado notar también en la bahía sur, sobre todo, en La Ribera aunque en menor cantidad. Para Óscar Ocaña, director del Museo del Mar, es “posible que la corriente las haya arrastrado a través del Foso y luego el levante las haya metido ahí”, explicó al comprobar la cantidad de estas plantas varada ayer en la orilla de esta céntrica playa. “A no ser que haya agarrado en algún punto más meridional, hacia Marruecos, y lo desconozcamos”, añadió.

Sin embargo, “en Fuente Caballos y el Sarchal no he visto ni rastro de ella, ni tan siquiera en el Desnarigado, donde estuve buceando ayer” –por el domingo–, puntualizó el biólogo marino que firma la autoría de la investigación junto a J. Afonso-Carrillo,  del Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal, Universidad de La Laguna; y E. Ballesteros, del Centre d’Estudis Avançats de Blanes (CSIC).

La Dictyota dichotoma, una especie bastante común en los fondos rocosos del Atlántico Noreste, fue la primera en sopesarse como causante de esta proliferación “inusual”. Sin embargo, la morfología y la estructura vegetativa de algunos especímenes de la muestra no confirmaron la primera identificación y demostró ser otra especie dictyotalean.

Las observaciones morfológicas resultaron “insuficientes”, según la nota científica proporcionada por Ocaña,  para una “identificación fiable” a nivel de especie, y contemplan dos posibilidades: Dictyota pinnatifida, una especie descrita de las Antillas Menores y ampliamente extendida en el océano Atlántico central, de Bermuda a Brasil y de Madeira a Cabo Verde; o bien Rugulopterix okamurae, una especie descrita de Japón, con amplia presencia en el noroeste de Asia. Unos indicios que han hecho que la investigación en torno a esta colonización dé un vuelco.

“Pensábamos que venía de Brasil, que podía ser una especie caribeña, pero ahora discutimos si procede de una laguna del Mediterráneo interior, de Francia, porque están cultivando ostras japonesas al menos desde 2009”, argumentó Ocaña, quien subrayó que será el estudio genético el que determinará su origen.

Sea cual su identidad, su abundancia ha transformado profundamente el paisaje bentónico –ecosistema acuático–, destacó Ocaña. Los prados mixtos característicos de algas presentes a lo largo del litoral del norte de Ceuta han llegado a verse “significativamente empobrecidos”. Las poblaciones de varias especies de algas marinas “han disminuido debido a que el espacio disponible está totalmente ocupado”. Incluso algunas especies, que cubrían el fondo del mar, “apenas se observan después de la invasión”. Tanto las principales comunidades bentónicas de poca profundidad y los hábitats bentónicos profundos parecen resultar “afectados directamente por el crecimiento masivo de esta especie”.

El director del Museo del Mar señaló que la institución que encabeza tiene previsto el inicio de un proyecto específico de monitorización para determinar la velocidad de la expansión de la ‘plaga’ y el daño que está provocando en el fondo marino, entre otros aspectos útiles para su control, mientras se determinan sus rasgos genéticos.

Importada a Francia junto a las ostras japonesas

El director del Museo del Mar, Óscar Ocaña, remitió a la bibliografía reciente (Verlaque 2009) para recordar que la Rugulopterix okamurae fue introducida en la laguna costera de Thau (Francia, en el Mediterráneo), probablemente junto con las ostras japonesas importadas a Europa con fines de maricultura. En consecuencia, la verdadera identidad de esta planta deberá ser establecida por los análisis filogenéticos moleculares ya que los científicos baraja ahora que pueda ser la Rugulopterix okamurae, o bien, que pueda tratarse de la Dictyota pinnatifida, del Caribe. Ocaña estima que en los próximos meses podrá esclarecerse esta incógnita que mantiene intrigados a los científicos.