El hijo del doctor Javier Prat recordó sus paseos juntos, “en los que atendía a una decena de personas”.

A título póstumo, el doctor Javier Prat fue condecorado con la Medalla de la Ciudad, en su categoría de oro, y cuyo hijo, Javier Prat, hizo los honores de recibirla en nombre de toda la familia. A los agradecimientos al Gobierno y a la Asamblea de Ceuta por la imposición de esta condecoración por unanimidad, le siguió una mención especial a la Fundación Gallardo, de la cual partió la iniciativa. A pesar de la alegría de este reconocimiento, el hijo de Prat admitió que no fue fácil hablar de su padre por los “recuerdos, vivencias, sentimientos y emociones que son inevitables”.

“Los que hemos tenido oportunidad de conocerle, que somos muchos en esta ciudad, sabemos que era una persona especial”, resaltó el representante de los seres queridos de Prat. Como médico, su experiencia se basó en verle en su consulta de la calle Real y recordó que, cuando daban un paseo, “tardábamos más de una hora en llegar de la Plaza de África a la Plaza de los Reyes”. Un camino en el que “había atendido a una decena de personas”. Así era el doctor, “una persona nacida para servir utilizando la Medicina como medio para ello”. Una profesión que no era un trabajo para el doctor Prat, sino una “auténtica vocación y forma de vida”. Desde la “humildad, pasión y constancia construyó su carrera por la que hoy, y otras muchas veces, se le ha reconocido”, valoró su hijo.

Aunque a Prat no le gustaba hablar de su intimidad, este representante familiar profundizó en esta faceta para entender quién era. “Como amigo denotaba cariño, alegría y optimismo”, enumeró su hijo. Como padre, no pudo más que agradecer todo aquello que hizo por los suyos, “inculcándonos una excelente educación y valores como el respeto, la humildad, el trabajo y la generosidad”. Siempre recordará su frase más pronunciada: “Lo primero en la vida es ser persona”. Lamentó que se marchase tan pronto puesto que, “tenía tantas cosas que enseñarnos”, en especial, a su hija Rocío, que ha seguido sus pasos en la Medicina. Su “buen hacer como padre” no habría sido conseguido, señaló Prat, “sin su apoyo más profundo: mi madre”.